Enrique Martín, el hombre que tuvo que reinventarse

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La tarde del 8 de mayo de 2015, Enrique Martín comenzó a notar un dolor agudo en el pecho. Llevaba semanas con molestias en el tórax, pero esa semana todo se agudizó coincidiendo con su regreso a Osasuna, en cuyo banquillo iba a comenzar su tercera etapa. Su mujer, enfermera de profesión, lo vio claro y se marcharon rápidamente al hospital, donde al técnico le diagnosticaron una angina de pecho que le obligó a pasar por el quirófano para someterse a un cateterismo. “Desde ese día vivo al 200%”, dice Martín, el nuevo entrenador del Córdoba que en El Arcángel vivirá el siguiente capítulo de una carrera y una vida en la que se ha visto obligado a reinventarse.

Dicen que los seres humanos cambiamos principalmente por dos motivos: por shock o por voluntad propia, y Martín ha experimentado las dos en primera persona. Todos sufriremos un shock a lo largo de nuestra vida, y si aún no ha llegado es sólo cuestión de tiempo. Son esos factores externos y ajenos a nuestro control que le dan un giro brusco e inesperado a nuestra existencia, una vuelta de 180 grados para tambalear todos nuestros cimientos y demostrarnos que lo único inalterable es el cambio, la incertidumbre que nos rodea constantemente. Una quiebra económica, el fin de una relación, una noticia inesperada, la muerte de un ser querido o, como en el caso del técnico, una enfermedad repentina, son suficientemente poderosas como para cambiarnos la vida en un visto y no visto, pero también para replantearnos muchos de nuestros sistemas de valores, de nuestras preocupaciones y prioridades. Sólo en días así te das cuenta de lo que realmente merece la pena. Y Martín entendió que su pasión por el fútbol y su forma de vivirlo no valían más que su vida. Con esa nueva perspectiva, seis jornadas por delante y dos stents en la coronaria, el entrenador salvó a Osasuna del descenso y un año después culminó el penúltimo regreso de los navarros a Primera División. Casualmente, mientras que el equipo de su alma volverá la próxima campaña a la Liga Santander, su próxima misión será sacar a otro histórico del pozo de la Segunda B.

Si mirar a la muerte de frente cambió para siempre su forma de entender la vida, unos años antes empezó a variar su forma de entrenar gracias al coaching, la especialidad que trata de sistematizar el cambio en el ser humano haciendo al individuo consciente de su capacidad para alterar sus propios resultados. Los efectos no son tan inmediatos, pero sí son más sólidos y sostenibles en el tiempo, especialmente si se trabaja con un equipo desarrollando un modo distinto y alternativo de liderazgo basado en el acompañamiento y no en el ordeno y mando.

Histriónico, gesticulante, protestón, tramposo en ocasiones, peculiar, siempre apasionado… Martín Monreal fue un icono de nuestro fútbol en la década de los 90, un elemento fijo en ese Lo que el ojo no ve de Canal + que con sus cámaras indiscretas empezó a enseñarnos la cara oculta de nuestro fútbol. Si eso era delante del objetivo, tras la cortina era temible. Las paredes de Tajonar podrían contar mil historias de broncas épicas y de un genio desatado que generaba pasiones en todos los sentidos. “Hay un momento en mi vida deportiva en el que se me quedó el coche sin gasolina. Estaba en Osasuna Promesas, con Ángel Martín como director deportivo. Un día me dijo: ‘Enrique, vamos a cambiar. Los tienes ‘asustaos’”, recordaba Martín hace unos meses en Movistar Plus, y ahí fue cuando descubrió el coaching y la gestión emocional dentro del vestuario.

“Básicamente se trata de escuchar, porque no escuchamos. El jugador te cuenta sus miserias, porque todos los tenemos. Le ayudas a ‘vomitar’ ciertas cosas que no se las ha dicho a nadie, y el rendimiento luego es muy superior”, indica Martín, quien reconoce cómo su forma de entrenar pero también de entender el fútbol y la vida varió notablemente tras formarse en coaching. Incluso a comienzos de esta década llegó a montar su propia empresa acompañado de varios socios para trasladar su experiencia y su nueva forma de liderazgo al mundo del deporte y de la empresa.

“Trato de ir al 200% en cada segundo de mi vida, porque al final la vida te puede sorprender en cualquier momento”, sigue diciendo hoy, una filosofía que trasladará a Córdoba “con la idea de llegar a la meta, pero disfrutando del camino”. Palabras de un hombre que con 63 años, 30 de experiencia en los banquillos y 4 de segunda oportunidad tras pasar por el quirófano quiere volver a ser feliz en El Arcángel.

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