El cerrojo a la portería, una costumbre recuperada

Mikel Saizar, portero del Córdoba CF, camina hacia el marco. FOTO: MADERO CUBERO
El Córdoba suma dos jornadas consecutivas sin encajar gol, algo que no se daba desde el inicio de la temporada

Si bien no termina de lograr brillantez en su juego en lo que se refiere a elaboración y combinación, el Córdoba parece haber recuperado en las dos últimas jornadas una de sus señas de identidad de principio de temporada. El conjunto blanquiverde vuelve a gozar de la seguridad defensiva que al inicio del campeonato le sirvió para mantener una buena línea de resultados y así estar en la zona noble de la tabla, a la que ahora intenta regresar. El cuadro califal vuelve a saber lo que es dejar la portería a cero con cierta asiduidad, algo importante para después hacer efectivo cada gol. Con la llegada de Albert Ferrer al banquillo el cerrojo atrás es nuevamente una realidad, al menos lo fue en sus dos primeros encuentros al frente del equipo. Así las cosas, se sumaron cuatro puntos de seis posibles con sólo un tanto a favor, el de Xisco en Girona, por lo que se retoma una buena costumbre.

El preparador catalán ya advirtió la pasada semana, antes de viajar a Montilivi, que uno de los aspectos a trabajar con interés era la solidez sobre el terreno de juego. Por el momento la escuadra blanquiverde convierte en realidad el deseo de su técnico. En los dos primeros partidos dirigidos por Ferrer, Saizar no tuvo que recoger el balón del fondo de las mallas de la portería que defiende, algo que no sucedió en los cuatro anteriores. Porque cuatro jornadas eran las que acumulaba el conjunto blanquiverde sin mantener a cero su marco. De hecho, llegó a encajar más de lo que acostumbraba ante Éibar y Numancia: cinco tantos en dos duelos. Después de acabar con la sangría atrás que comenzó a padecer ante el Deportivo en la vigésimo tercera fecha del curso, el Córdoba se enfrenta a un nuevo reto: alcanzar la racha más larga de la campaña en lo que a mantener el cerrojo se refiere.

No en vano, las dos jornadas que suma en estos momentos sin recibir gol son las mismas que encadenó el equipo en las dos primeras de la temporada y después en otra ocasión, apenas unos encuentros después. Precisamente, esa última vez en que el Córdoba logró cerrar a cal y canto su portería fue ante el Real Jaén y el Girona, en la primera vuelta. Curiosa coincidencia la que se produce de la mano de Ferrer, que además devuelve a los blanquiverdes a esa buena costumbre de ser firme en la zona de retaguardia y no ofrecer concesiones al rival a pesar de que ya sabe lo que es tener que realizar cambios debido a sanciones o lesiones. En este caso fue por el primero de los motivos, que obligó al entrenador a responder en Girona a dos bajas en defensa, las de Iago Bouzón y Samuel de los Reyes.

Esta circunstancia es tónica habitual a lo largo de la presente campaña, en que se han dado múltiples variantes en la zaga. La presentada en Montilivi era inédita, como otras veces sucedió. El debut de Pinillos con el primer equipo generó nuevamente dicha situación, que quedó resuelta de manera positiva. No importaron las ausencias ni la enésima modificación obligada de la línea de retaguardia y el Córdoba continuó con el cerrojo bien echado para dar valor de tres puntos al gol de Xisco.

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