Todo cambia, también en El Arcángel

Palco de El Arcángel, con Alejandro González y Jesús León | MADERO CUBERO

El de este miércoles no era uno más. Ni para el Córdoba, ni para su afición. Y no porque fuera el último del año que de forma inevitable termina. Tenía un carácter especial, diferente, porque era el partido del final de una etapa y el comienzo de otra; el de la despedida de Carlos y Alejandro González y la llegada de Jesús León. Aunque el cambio de propiedad todavía no contaba con un anuncio oficial estaba hecho. La noticia se preparó, cocinó y comió a lo largo de todo un intenso día que debía acabar en El Arcángel. Llegaba el Reus, y lo hacía en medio de un ambiente distinto.

La afición expresaba su parecer, a favor de la compraventa, en redes sociales durante la tarde. Del mismo modo mostraba una ilusión renovada. Sin embargo, en el estadio fueron escasos los valientes que combatieron el frío. A las ocho de la tarde, el entorno de El Arcángel permanecía tranquilo. Así estuvo también a lo largo del choque con los catalanes. La afluencia de espectadores no alcanzó siquiera el número de 5.000. Pero poco importó. Quienes acudieron al estadio lo hicieron con ánimo de ver al fin ganar al conjunto blanquiverde después de más de dos meses -casi tres-. Eso sí, al principio no lo aparentaron.

Sólo la música rompía el silencio inicial. Antes del encuentro, entonces, la mayor parte de las miradas, y de los focos de las cámaras, apuntaban al palco. Allí se esperaba la presencia de Jesús León en lo que había de ser, en cierto modo, una escenificación del cambio de propiedad. El montoreño se hizo de rogar. Apareció justo cuando todo estaba preparado sobre el césped para que arrancara el duelo. Ocupó además un segundo plano en el espacio destinado a directivos y autoridades. La presidencia la ostentaba aún Alejandro González. El himno, por cierto, sonó de nuevo en la voz de los seguidores califales. No fue muy armónico el canto, pero lo hubo. Después, Brigadas Blanquiverdes cantó el que había de ser, según lo sucedido, el último “González vete ya”.

Con el balón ya en funcionamiento, la grada se mostró gélida durante un buen puñado de minutos. Hasta que Sergi Guardiola abrió el marcador. Y hasta que el manacorí hiciera también el 2-0. La afición despertó definitivamente y ya no eran sólo los grupos de animación, Brigadas Blanquiverdes de continuado e Incondicionales, los que daban vida a El Arcángel. Tras el descanso, el temor de volver a sentir frustraciones lo apagó Sergio Aguza. El catalán hizo el tercero y la película era completamente nueva en esta temporada. El Córdoba, por si fuera poco, continuó con su evolución en el juego y dominó de principio a fin.

Para Jorge Romero, y para sus jugadores, fue como si nada ocurriera más allá del campo. Tan diferente fue todo que el técnico blanquiverde, ratificado sólo un día antes de la compraventa del club, permitió estrenarse en Liga a Loureiro. El gallego apenas había jugado en Copa del Rey. El entrenador, incluso, hizo debutar al joven Álvaro Aguado. En ese momento, el Reus generó un par de acometidas que levantaron cierto nerviosismo. Pero esta vez no se podía escapar. Lo certificó Sergi Guardiola, que marcó el tercero de su cuenta anotadora.

En el tramo definitivo del partido, surgió la fiesta. Después el canto de esperanza: “Sí se puede”. Y luego las nuevas reprimendas a los González con un mayoritario “González vete ya” y un “por un Córdoba libre, González vete ya”. Mientras, en el césped todo funcionaba. Incluso más de lo esperado, porque Aguza anotó un auténtico golazo para llevar el 5-0 al marcador. El Córdoba, en el día en que cerró la era González y empezó a aguardar el ciclo León, venció de nuevo. Lo hizo por todo lo alto. Demostró que, como escribiera Julio Numhauser, todo cambia.

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