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Un brindis por lo que pudo ser

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Paco Merino

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Pudo haber conseguido algo más. Seguramente lo mereció. Pero el fútbol se alimenta de resultados y el Córdoba padeció una noche frustrante. Sandoval quería magia, pero El Arcángel asistió a otro episodio de infortunio, de sudor derramado para conseguir un premio que no va más allá de eso que algunos llaman victorias morales. La Copa del Rey se aleja para los blanquiverdes, que afrontarán el duelo de vuelta de dieciseisavos de final en el Coliseum Alfonso Pérez de Getafe en desventaja clara: cayeron por 1-2 ante un adversario que hizo todos los goles. El primero, en su propia puerta; los dos de la remontada, en los últimos minutos de cada periodo. Fueron un par de puñaladas asestadas por Mata, cuyo impacto en el equipo de Bordalás es sensiblemente mayor que el de otro goleador de Segunda que ahora busca su sitio en Primera: Sergi Guardiola. El estadio coreó su nombre cuando se marchó al banquillo en el segundo tiempo, después de su primera titularidad. Todo el mundo recordó lo que hizo en este equipo. Nadie lo olvidará. El ramalazo de nostalgia fue tremendo en El Arcángel, que terminò mudo ante el cruel desenlace de una noche copera que se quedó en un brindis por lo que pudo ser.

Antes de empezar, a Sandoval se le cayó Carlos Abad. El tinerfeño se quejó de molestias en el cuádriceps y el técnico madrileño no le dio demasiadas vueltas: colocó como titular a Marcos Lavín, que retomaba el hilo de su competente actuación en la portería del primer equipo blanquiverde en la ronda anterior en Elche. Por lo demás, las anunciadas rotaciones. Se trataba de equilibrar de modo absoluto: lo primero, que el grupo no pierda nivel competitivo; lo segundo, que no se note demasiado que lo que verdaderamente importa es la Liga. En el caso del Córdoba, la cuestión no admite debate. No solo lo disimuló perfectamente, sino que opositó a un pase a la siguiente ronda con una actuación más que decente. De hecho, no se puede descartar un milagro en Madrid. No lo olviden: es el Córdoba.

En una noche desapacible, con menos público que nunca en las gradas, ambos técnicos emplearon equipos radicalmente distintos a los utilizados en la Liga. El estímulo de la oportunidad para los no habituales provocó un arranque fogoso, pero fue una sensación fugaz. Pronto se serenó el juego. Los azulones tenían más posesión de la pelota, haciendo correr a los locales con el propósito de crear situaciones de ventaja para sus puntas Mata y Sergi Guardiola. Este último, máximo goleador del Córdoba el pasado campeonato en Segunda, fue aplaudido por la afición local en la presentación. Después, obviamente, se transformó en un enemigo más hasta que Bordalás le sacó de la cancha en la segunda parte. Ahí se escuchó otra ovación para el jumillano, que aplaudio en señal de agradecimiento. Sigue siendo futbolista del Córdoba, que le tiene cedido en el Getafe por esta temporada tras una operación que fue “la peor posible”, según admitió en su día el presidente Jesús León, que contempló el partido desde el palco al lado de su homólogo Ángel Torres. En la zona noble de la tribuna seguro que hubo partido.

Asustó el Getafe. Un disparo lejano de Iván Alejo a los seis minutos fue el primer testimonio en ataque del partido. Los de Sandoval encontraban dificultades para hilvanar jugadas, aunque se mantenían disciplinados en la presión. No se les podrá reprochar el esfuerzo. Dan lo que tienen y llegan hasta donde pueden hacerlo. El problema que arrastran es su circunstancia: se ven obligados a ir más allá, a dar eso que algunos llaman el paso adelante y otros, simplemente, una concatenación de milagros.

A los quince minutos, Guardiola volvió a intentarlo desde fuera del área pero Lavín, bien colocado, atrapó el balón raso. El de Manacor, en su primera aparición como titular en el Getafe, quiso hacer ver a Bordalás que puede hacer algo más que calentar el banquillo. El Córdoba se mantenía a la expectativa, atento al error del Getafe. Éste llegó en el minuto 25, cuando Bruno, en su intento de despejar, introdujo en su portería un balón centrado por Luismi Quezada. La jugada del carrilero hispano dominicano fue excelente. La ventaja insufló ánimos al Córdoba, que pudo hacer el segundo tras una internada de Alfaro con pase en el área a Blati Touré, cuyo disparo a bocajarro lo interceptó Chichizola. Vivió el cuadro local minutos de inspiración.

El duelo entró en una fase vibrante, con más llegadas a las áreas y un tono mayor de dureza en las marcas. El árbitro se ganó unas buenas broncas de la grada por sus decisiones y, principalmente, por el distinto rasero a la hora de sacar las tarjetas. Mostró amarilla a tres defensas locales en el tramo final del primer periodo. La última acción de la primera parte resultó clave. Cuadra Fernández señaló penalti por un agarrón de Valentín. Lo transformó con habilidad Mata, engañando a Lavín, para llevar a su equipo al descanso con un empate. Al Córdoba se le torció el gesto. Cuando lo hizo mejor no obtuvo premio.

Los equipos abordaron la reanudación sin cambios y con precauciones defensivas. El Getafe estuvo más atrevido, tratando de hurgar en la herida anímica de un Córdoba al que encajar del modo en que lo hizo le dejó seriamente afectado. Cuando a uno le van las cosas mal, el pensamiento tiende al desastre. Aún así, pusieron orgullo. Los locales se acercaron por primera vez en el minuto 55, pero su intento terminó con una tarjeta al serbio Jovanovic por simular una caída y pedir penalti. El Getafe, muy serio, contenía  a los de Sandoval con suficiencia. El técnico blanquiverde sustituyó al joven Erik Expósito por Piovaccari, buscando una mayor dosis de briega en la punta. Bordalás también movió piezas para colocar al japonés Gaku Shibasaki en lugar de Sergi Guardiola, que escuchó más palmas de ánimo en Córdoba en hora y media que en todos los meses que lleva en Getafe.

El Córdoba sufría, pero no se rendía. El empate no parecía mal resultado. El Getafe disfrutó de una doble ocasión en el minuto 71, con un disparo de Mata bien dirigido que tocó en la pierna de Loureiro y acabó en córner. El saque de esquina lo remató de cabeza de forma impetuosa Djené, pero el balón salió por encima del larguero. El Córdoba la tuvo en los pies de Piovaccari, aunque el italiano cometió, a juicio del árbitro, falta en ataque en el forcejeo con su marcador. Hubo un aluvión de protestas.

Bordalás se la jugó sacando a escena a un punta, Ángel, y Sandoval replicó refrescando la retaguardia con el ingreso de Aythami, después de haber tenido calentando un rato al joven canterano Andrés Martín. Cuando ambos conjuntos parecían dar por bueno el marcador apareció Mata para firmar con habilidad el 1-2 que deja a los madrileños con la serie dominada. El Arcángel se quedó en un silencio sobrecogedor. Se escucharon los gritos de la docena de seguidores getafenses que se apostaban en la tribuna, arropados por sus propias banderas para soportar el frío de la noche cordobesa. Los seguidores locales que sortearon la carrera de obstáculos para asistir a la Copa -frío, lluvia, una estrategia disparatada con la venta de entradas...- se marcharon a casa sintiendo, con motivo, que este torneo se había terminado hasta el curso que viene.

FICHA TÉCNICA

CÓRDOBA, 1: Marcos Lavín; Loureiro, Jesús Valentín (Aythami, 80'), Álex Quintanilla, Luismi Quezada; Bambock, Blati Touré, Quim Araujo; Jovanovic (Sebas Moyano, 68'), Alfaro y Erik Expósito (Piovaccari, 64').

GETAFE, 2: Chichizola; Damián Suárez, Bruno, Djené, Cabrera; Portillo, Cristóforo (Ángel, 80'), Maksimovic, Iván Alejo (Robert Ibáñez, 61'); Mata y Sergi Guardiola (Gaku, 68').

ÁRBITRO: Cuadra Fernández (Comité Balear). Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Loureiro, Jesús Valentín, Alfaro, Jovanovic y Luismi Quezada y al visitante Djené.

GOLES: 1-0 (25') Bruno, en propia puerta. 1-1 (45') Mata, de penalti. 1-2 (89') Mata.

INCIDENCIAS: Partido de ida correspondiente a la ronda de dieciseisavos de final de la Copa del Rey, disputado en el Estadio Municipal El Arcángel ante 4.129 espectadores.

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