Aferrado a sus recuerdos para seguir en pie

Los jugadores,con una camiseta especial | ÁLEX GALLEGOS

A pesar de que la respuesta no es la esperada -o más bien la soñada-, el ambiente es positivo media hora antes. Un ligero aire festivo envuelve el estadio. Puede sorprender pues las circunstancias invitan a poco jolgorio. En realidad es la esperanza lo que en esta ocasión parece cobrar fuerza. Al fin y al cabo, siempre dicen que es lo último que se pierde. En ésas se encuentran quienes, sin dudar, acuden a su cita con el equipo de sus amores. Lo hacen aun cuando tienen desgarrada la piel y les tambalea el alma. Quizá es porque mucho más grande y sangrante es la herida de un Córdoba que, al igual que miles de personas, vive hoy por hoy aferrado a sus recuerdos para seguir en pie. Y no sólo en el partido que aguarda sino mucho tiempo más.

El club está al borde del colapso. Afronta de hecho una semana trascendente para una supervivencia que muchos entienden imposible. De ahí que durante los días anteriores a la visita del Mérida fueran muchos los llamamientos públicos a reforzar el vínculo con la entidad. De ahí que no haya obstáculo físico ni emocional que impida volver al palco a quien nunca debiera de haberlo dejado. El presidente de honor del Córdoba, Rafael Campanero, regresa a su hogar deportivo, donde le devuelven los galones años atrás arrancados. El hombre que lograra el penúltimo ascenso a Primera, que apareciera al rescate del conjunto blanquiverde cuando más falta hiciera y que consiguiera el último salto a Segunda A necesita dar ejemplo. No duda en hacerlo.

Campanero es la prueba de que una pasión es imperecedera por mucho que los años o las decepciones hagan su trabajo. Lo demuestra sólo unos días después de perder a su esposa. Sobran las palabras. En el palco retoman también su lugar las autoridades, municipales y deportivas. Dentro de esa representación se cuenta la del alcalde, José María Bellido. Es lo único que le resta por hacer después de que sus mensajes a toda la ciudad, como los lanzados desde otros muchos ámbitos, resultaran infructuosos. De lleno en El Arcángel, nada de nada. Así es Córdoba, orgullosa cuando algo le viene dado pero falta de empatía con lo suyo en la cotidianidad. No importa pues quienes sí están en el estadio lo hacen para tratar de dar todo.

Son algo más de 8.500 los aficionados que se dan cita esta vez en un partido histórico. No porque el triunfo valga más de los tres puntos habituales sino por el significado que sentimentalmente tiene. Ellos son la voz de la memoria. Ellos son la voz del presente. Y ellos son quienes apuntalan el edificio en ruinas para que siga en pie. Porque de los recuerdos se alimenta en la actualidad la hinchada para continuar adelante. Al menos es lo que todos quieren, seguir con el legado de sus padres y abuelos para crear el suyo propio. Es también la causa de muy distintas iniciativas destinadas a apoyar a la entidad en el plano económico. O mejor dicho, a sus empleados, a los que aprietan los impagos vinculados a la notablemente negativa gestión de Jesús León.

La lucha en este sentido es colectiva. Está la de los propios trabajadores del club con una Fila 0. Una campaña de recaudación capaz de ganar la voluntad de aficiones de otros muchos equipos del país o de jugadores que lo fueran y ahora no -pero sí- del conjunto blanquiverde. Póngase el ejemplo de Alberto García. Está la de las empresas como Unieléctrica, que promueven diferentes vías de ingresos. Una de ellas es la venta de camisetas colaborativas que llevan al pleno la tienda de El Arcángel. Y está la de los periodistas deportivos también con la edición de una revista en la que ofrecen su lado más personal -casi íntimo- desde su perfil profesional -que esta vez sólo vale para la acción-. El título de la publicación es ’65 años de vivencias blanquiverdes de los periodistas deportivos’ y viene a describir el pensamiento global. Es así cómo el Córdoba, como su gente, permanece aferrado a sus recuerdos para seguir en pie.

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