De afectos y desapegos

Seguidores del Córdoba durante el partido | MADERO CUBERO

Insiste el club de un tiempo a parte en un discurso. “Es tiempo de unión”, aseveró en su momento con una pancarta al final de un entrenamiento en la Ciudad Deportiva. El vídeo marcador de El Arcángel repite la ida: “Unidos somos más fuertes”. Lo cierto es que el acercamiento de posturas entre un cada vez más amplio sector de la afición y la propiedad parece menos probable conforme avanzan los días. El desencuentro no es nuevo, pero sí aparenta ser creciente. Más si cabe después de la retirada del bombo de Incondicionales en el último partido a orillas del Guadalquivir. En ese panorama de tonalidad gris se mueve el Córdoba mientras camina sobre el alambre. La situación es altamente complicada, más cada jornada. Es un período convulso, y como en todos los que así son las relaciones resultan difíciles. El aprecio puede brotar tan pronto y de manera clara como rápido puede aflorar la más firme oposición.

Es una historia de afectos y desafectos la que se escribe cada vez con letras de mayor tamaño en El Arcángel. Después del doloroso instante en el choque con el Huesca en el que los silbidos cobraron fuerza mientras sonaba, y lo hizo en su totalidad por vez primera en más de cinco años, el himno recuperó la voz que mejor lo entona. Ésa es la de su afición, que en el duelo con el Elche no dejó lugar a la duda en cuanto a amores y odios -o cuando menos bajas estimas-. Ni siquiera fue necesario que comenzara el partido para realizar la comprobación. Sobre el campo se encontraba él, un poco más de seis meses después. Regresaba Deivid y en el momento en el que su nombre fue anunciado por la megafonía del estadio la grada rompió en un sonoro aplauso. Los seguidores están con su capitán tanto como su equipo. La otra bienvenida calurosa en ese momento fue para Javi Lara. Quizá por ser el único cordobés que actualmente milita en las filas blanquiverdes. O quizá porque desde su llegada intenta acabar con la línea discontinua de juego del equipo.

Pero en la convulsión alguien siempre obtiene la respuesta negativa. Esta vez le tocó el turno a Luis Miguel Carrión. El preparador catalán tuvo que escuchar silbidos antes del encuentro. En el momento en que el speaker le nombró la grada pareció indicar su disconformidad con el técnico. Es lo que traen los tiempos tormentosos. El resultado no mandó en esta ocasión para dirigir las miradas al banquillo. Iniciado el partido, las relaciones fueron cada vez más complicadas. Un viejo conocido en El Arcángel recibió también las críticas de un amplio sector de la afición. Se trataba de un tal Juan Carlos, el portero del ascenso, que vivió el naufragio total de Primera y acto seguido decidió saltar a otro navío preparado para surcar altos mares. El cordobesismo reprendió sus pérdidas de tiempo y algo más. Porque cada vez que el balón pasó por sus pies o sus manos comenzaba un concierto de viento por parte de los seguidores blanquiverdes.

La contienda resultó tan poco atractiva como la anterior ante el Numancia. Era una película de las que invitan a dormitar. Y para colmo, Incondicionales iniciaba su huelga de animación y en Brigadas Blanquiverdes parecían estar en una onda similar. Fue así como el estadio registró un ambiente como no se recordaba en años. Quizá sólo pueda compararse con aquel choque con el Murcia de la campaña 2013-14. Aunque había una diferencia: en esta ocasión la entrada era mucho mayor a pesar de ser una de las menores de esta temporada. Sí fue ruidoso el minuto 54, en el que desde hace unas cuantas jornadas aprovecha la afición para mostrar su total desacuerdo con la propiedad y el Consejo de Administración del Córdoba. Pañuelos y un rotundamente sonoro “González, vete ya” despertaron del letargo a El Arcángel. Por fortuna, un gol de Rodas en el minuto 81 permitió que el sonido ambiente fuera el propio de un campo de fútbol en el tramo final del duelo. Eso sí, tras celebrar el tanto y tratar de ejercer la presión debida para defender el resultado, el “González, vete ya” regresó. En tiempos difíciles es sencillo viajar de los afectos a los desapegos.

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