El Universo explicado en una línea y media

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Carlos Marzal presenta su libro de aforismos 'La arquitectura del aire'

Carlos Marzal (Valencia, 1961) piensa en aforismos. Él mismo lo dice. Y acaba de publicar un libro con sus ideas condensadas, La arquitectura del aire (Tusquets), 256 páginas de condensaciones sentenciosas que lo describen y con las que él describe al mundo. Marzal no sabe si esta forma de construir la realidad a través del lenguaje es común, pero le sirve para escribir. "Tal vez es una disfunción neuronal esa forma de resumir una reflexión de manera breve y rotunda, pero la uso para todo, para comenzar artículos también. Parto de esa esencia para luego desarrollarla", comentaba anoche en la presentación de su última obra en el ciclo Letras Capitulares, del Centro Andaluz de las Letras, que acoge la delegación de Cultura.

El escrito, poeta y ensayista publicó su primer libro, El último de la fiesta, en 1987, y cuatro años más tarde, La vida de frontera. Luego vendrían poemarios como Los países nocturnos, Metales pesados —Premio Nacional de la Crítica y Nacional de Literatura en 2002— y Fuera de mí (Premio Fundación Loewe).

El acto de anoche estuvo presentado y dirigido por la escritora y poeta Elena Medel. "Ella siempre me dice que tengo la edad de su padre y por tanto me tomo la libertad de marcarle el camino recto de las cosas", confesó el autor no sin sorna. Con humor, pero dejando entrever el prisma moral a través del cual Marzal que mira las cosas. Y sus aforismos, confiesa, siguen la estela de la escuela francesa y alemana, ligadas al pensamiento y la filosofía, más que al humor al que, en España, tendió el gran maestro del género, Ramón Gómez de la Serna, con sus greguerías.

"Mientras aclaramos el malentendido, sucede la vida". "El tiempo carece de cortesía". "Muchos de los que escuchan se lo cobran hablando". "Si la errata mejora no es una errata es el destino". "Estamos escritos en tita. Y luego, llueve". Marzal trufó la charla con algunas de sus "ocurrencias y acontecimientos del lenguaje", como describió anoche a los aforismos.

"Lo mejor de ellos es que pueden participar de espíritus muy diferentes, con destellos de poesía y de narrativa, al modo de los microrrelatos, que tan de moda están hoy en día", apuntó. Con ello, Marzal logra lo que, sospecha, todos los escritores aspiran: tocar todos los géneros. "Aunque luego, el tiempo, los fracasos y las aptitudes te van decantando a unos u a otros".

A Marzal le gusta escribir artículos, relatos, ensayos y novelas. Pero el aforismo viene a ser una gran gimnasia, "pues te obliga a someterte a la exigencia de la compresión. Hay que ser breve, no hay que dedicarle más de una línea y media, pues si no, pasa de ser aforismo, a fragmento". Y eso, ya es otra historia.

Pero él lo tiene fácil. Porque, como escribe, "vivo en un aforismo y, a veces, me parafraseo".

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