La triste imagen del retablo de Lineros

Imagen actual del retablo de la calle Candelaria (con Lineros) | ÁLEX GALLEGOS

Es una estampa conocida y reconocible. Sobre todo por los cordobeses que gustan de recorrer las calles de la ciudad y saber de ella. Pero también es fácil que pueda quedar en la memoria de los turistas, pues se encuentra en un enclave importante. A medio camino entre los barrios de San Pedro y Santiago, con establecimientos hosteleros de peso como Bodegas Campos muy cerca, se encuentra una de las joyas de patrimonio urbano de que goza Córdoba. Se trata del retablo erigido en la calle Candelaria, justo en el punto en el que esa vía confluye con Lineros -de hecho es asociado casi siempre a esta última-. Un mural pictórico y arquitectónico que tiempo atrás padeciera el daño del paso del tiempo e incluso el ataque de vándalos. Una escena antigua que hoy por hoy vuelve a estar en mal estado de conservación. Y su deterioro va a más conforme avanza los meses.

Ya antes de Semana Santa faltaban faroles en torno a las imágenes de San Rafael y de los patrones San Acisclo y Santa Victoria, que completan el retablo. Una situación ésta que no varió a lo largo del presente año. Más bien todo lo contrario. A la ausencia de algunas luminarias se unen ahora otros desperfectos. Más que evidentes son en la actualidad los desconchones que adornan con fealdad el murete. También hay grietas y desprendimientos de sus columnas. La imagen es triste para quien recuerde esta pieza artística urbana, cuya antigüedad se remonta bastante atrás en el tiempo. Además, toda la pared presenta un aspecto de descuido ante el que se bien se haría necesaria una respuesta. El altar, que es vestigio de una tradición poco a poco desaparecida, es propiedad del Ayuntamiento, desde donde no aciertan a dar explicación al asunto. El mal estado de este pequeño monumento lo denunciaron a través de redes sociales varios cordobeses.

Data el retablo de 1801, año en el que fue erigido en la calle Candelaria, donde sigue desde entonces a pesar de los avatares que sufrió, gracias a la aportación de devotos de la zona. Cuentan las crónicas que también se tuvo la iniciativa como desagravio por la profanación que hubiera a una imagen anterior ubicada en el mismo lugar, así como en señal de gratitud por el fin de una epidemia de peste. Lo cierto es que el mural es legado de un pasado en el que en la ciudad era habitual la ejecución de retablos como éste y de humilladeros. En este caso, la imagen de San Rafael preside una escena en la que a los lados se hallan los patrones de Córdoba, San Acisclo y Santa Victoria. Las pinturas fueron realizadas todas, en corte clásico, por Antonio de Monroy. Además, cuenta con varias inscripciones en latín.

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