Teoría y práctica posdramática de una matanza

Pura Mayorgas en 'Matanza Nacional' | JUAN ANTONIO CÁRDENAS

En Matanza, el dramaturgo gallego Roberto Salgueiro fabulaba sobre cómo se siente el cerdo que quiere renunciar a su despiece, confrontándolo con otro que ha asumido su rol en la cadena de alimentación. La obra adquiría tintes cómicos, en tanto en cuanto que los cerdos, como las personas, eran capaces de advertir la insignificancia de la carne frente a la maquinaria consumista.

Con ese punto de partida, Carlos Baena Alarcón, director de la compañía cordobesa JunKman-Project ha desarrollado su última obra, Matanza Nacional, un trabajo que ha ganado hace apenas dos meses el premio a Mejor Espectáculo en la III edición de la Cita de Innovadores teatrales Andaluces (CINTA), y que este sábado se lleva a escena en Córdoba en la Escuela Superior de Arte Dramático.

Será un día especial para Baena y para las co-creadoras de la obra, las actrices Lua Santos y Pura Mayorgas, que han sido parte activa a la hora de engordar al cerdo-obra y llevarlo ante su matadero-público. Los tres se sentaron durante meses a aportar ideas, vivencias y locuras al texto de Salgueiro y el resultado fue un collage irresistible de eco-feminismo apto para espectadores reflexivos.

Baena explica que en su mente siempre estuvo la idea de mezclar la obra de Salgueiro con la propia biografía de las actrices, de sus vivencias como profesionales del teatro, como mujeres y como madres. Lúa y Pura se prestaron desde el minuto uno. Llevaban diez años trabajando juntas para la misma compañía y en la misma ciudad pero, curiosamente, no habían trabajado nunca juntas encima de un escenario. El matadero las unió.

Inspirado por el teatro posdramático de Hans-Thies Lehmann, el trabajo creativo duró unos tres meses. El texto final, sin embargo, pasó un año y medio en un cajón, lastrado por su formato anticonvencional, que dificultaba ponerlo sobre las tablas. Todo esto cambió cuando, a finales de año, seleccionaron la obra para participar en la CINTA, que organiza la compañía TNT Atalaya, una de las más importantes del teatro andaluz.

Allí, frente a compañías con más presupuesto y trayectoria, llegaron los tres cerditos con un inconveniente inesperado, ya que una de las dos actrices, Lúa Santos, no podía asistir. La sustituta fue la actriz Auxi Jiménez, que solo una semana antes había dirigido el Festival de Micro Teatro Instanteatro. “En una semana se estudió el texto y lo sacó adelante con muy buena nota”, remarca el director, en la línea de las críticas que hubo al día siguiente del estreno.

El triunfo en Sevilla, reconoce Baena, no ha abierto puertas, aunque sí ha logrado que se conteste emails. “En Córdoba, Andalucía y España cuesta colocar una obra así”, señala el dramaturgo y actor, consciente en todo momento de que la libertad con la que ha abordado el proyecto lo colocaba en esta posición. “Tras 15 años haciendo teatro, buscaba salir del planteamiento-nudo-desenlace para ir a más allá. Necesitaba otros lenguajes”, confiesa. No está solo en esta búsqueda. El trabajo de Junkman Teatro juega en la misma liga que otros proyectos cordobeses que apuestan por la investigación teatral y las formas esquivas, como las compañías Vértebro o Estigma Teatro. Compañías, actores y dramaturgos que siempre miran un poco más allá. “Si tienes una compañía de teatro tienes que tener la vista fuera. En Córdoba, Madrid o Barcelona... como mucho te van a programar una semana. Siempre tienes que mirar fuera”, reconoce Baena.

Con casi todo vendido para la representación de este sábado y con la seguridad de que Matanza Nacional abrirá la cuarta edición de CINTA, el dramaturgo ya está trabajando en un nuevo proyecto, si cabe más ambicioso, y de nuevo ambientado en clave política, filosófica y social: La adaptación a maneras posdramáticas de la obra de Artur Miller Las Brujas de Salem, ambientándola en un futuro no tan distópico en el que queman a brujas. Mujeres que, al igual que algunos cerdos, no están contentas con su sitio en la cadena.

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