El mural por la paz en Ucrania que resistió a dos temporales de viento y se aferra por seguir en Córdoba
La obra La paz en nuestras manos, creada por los artistas ucranianos Mikhail Korobkov y Olga Korobkova y ubicada en la fachada de la Casa de la Aduana de Córdoba, ha vuelto a sobrevivir a un fuerte temporal de viento. Este miércoles, las rachas provocadas por la borrasca Kristin arrancaron por segunda vez el enorme mural, que cayó al suelo tras descolgarse de su emplazamiento.
La Fundación Artdecor ha confirmado a este periódico que, pese al impacto, la obra -que tiene un enorme valor emocional y económico- se encuentra en buen estado. Gracias a la rápida intervención de los operarios de Sadeco, el mural pudo ser recuperado íntegramente y trasladado para su custodia, sin que se hayan detectado daños aparentes. En la tarde de este miércoles, la Fundación Artdecor ya tenía previsto comprobar el estado.
No es la primera vez que esta pieza sufre los embates del clima: ya en octubre de 2024 resultó afectada por la borrasca Bernard, en un episodio que obligó a revisar su sujeción y a repintar algunas de las partes. Aquello dio pie a una reinauguración.
La primera inauguración fue en junio de 2023. Desde entonces, La paz en nuestras manos se ha convertido en algo más que una intervención artística en un espacio urbano tan patrimonial como es la Ribera de Córdoba, en el que no hay tantas obras de naturaleza contemporánea. De hecho, su ubicación es privilegiada: a unos metros del Puente Romano y la puerta del Puente, custodiada a la espalda por la Mezquita de Córdoba.
En este punto lleva desde 2023 una obra cuyos autores pintaron durante semanas con el objetivo de convertirla en un símbolo cargado de memoria, exilio y resistencia, tanto por el mensaje que transmite como por la historia vital de quienes la crearon. El colectivo Korobkov, una pareja de artistas, llegó a Córdoba en lo peor de la invasión rusa de Ucrania, tras ser becado en la convocatoria Córdoba Ciudad de las Ideas 2023, y desde entonces ha fijado su residencia en la capital, integrándose en su tejido cultural.
Ambos artistas cuentan con una sólida trayectoria internacional en el ámbito del muralismo y las grandes instalaciones. Han expuesto en instituciones de referencia en Ucrania, como el Instituto de Investigación de Arte Moderno de Kiev o el Museo de Arte Moderno de Lviv, llevando siempre su obra ligada a la reflexión social y humana.
El mural es un homenaje explícito a la maternidad en tiempos de guerra y a las madres y niños que padecen el conflicto en Ucrania. Con los colores de la bandera ucraniana como hilo conductor, la escena muestra a una madre sosteniendo a su hijo a orillas del Guadalquivir, uniendo simbólicamente dos territorios marcados por historias distintas, pero atravesados por la misma aspiración de paz. Que la obra haya resistido, una vez más, parece reforzar el mensaje que encarna: la fragilidad no está reñida con la fuerza.
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