Fernando Llagas: “Gallardón está hecho un lince, ibérico”

El selfie de Fernando Llagas.
Al abogado, chef y 'gourmet' le encanta el Mouton Rothschild 2009

Notará el lector avezado con solo un rápido vistazo en diagonal a esta entrevista que las preguntas son casi más largas que las respuestas. Y alguna respuesta es, incluso, una pregunta. No se extrañe. Estamos ante Fernando Llagas. Y es abogado. Por tanto, cada palabra tiene un valor. Incluso las comas. Como la del titular, que vale un potosí y define bien al personaje, cuya sonrisa irónica, sin embargo, no aparece en el autorretrato que encabeza el texto.

Llagas lleva años pateando juzgados y audiencias con casos que, muchas veces, han saltado a los medios de comunicación. Para no aburrirles, les invitamos a que introduzcan su nombre en Google y le den a la tecla de buscar. Se harán una idea...

Pero Llagas es algo más que un jurista. Tal vez es el togado que mejor cocine en esta orilla del Guadalquivir. Creció entre los fogones de un hotel de la costa, junto a guisos y cazuelas; y ayudó en los inicios a organizar el menú de un conocido restaurante: El Astronauta. Todo ello va a marcar el tono de la conversación, volcando en los platillos de la balanza de la Justicia los ingredientes para una fuga carcelaria, alimentos espaciales, un poco de salmorejo y algo de alcohol.

Buen provecho.

PREGUNTA. Usted va a ser mi abogado durante un rato. Sé que es de buen comer y yo estoy económicamente tieso como la mojama de Barbate. ¿Puedo pagarle con un rico menú de dos platos, postre, café y puro?

RESPUESTA. Podemos hasta prescindir del postre y del puro, pero bien pudiera estirarse incluyendo el vino… ¿Hace un Mouton Rothschild 2009?

P. Pongamos que mi caso no ha ido bien y mi condena a muerte está asegurada con fecha en el calendario y todo. ¿Qué me guisaría en mi última cena?

R. Algo ligero, para no resultar pesado.

P. ¡Quiero vivir! ¿Cuál es la mejor receta de su vasto recetario para esconder una clásica lima y darme a la fuga? O, ya puestos, para esconder un martillo neumático, por si las moscas...

R. La lima en un ceviche no se verá y dará buenos resultados… No me alcanza para lo del martillo, lo siento… Además, no creo que sea su estilo huir con estrépito.

P. Toda fuga necesita un escondite. Usted es de refugiarse en El Astronauta. El salmorejo podría ser una rica comida de astronautas, ¿no?

R. Fugarse para esconderse es empresa de poco fuste, y el salmorejo es ya el principal alimento de los astronautas en la cocina, donde ciertamente a veces me refugio, con mal resultado parece porque me tiene usted hallado.

P. Si yo le digo: Salmorejo, patrimonio universal de la Humanidad, ¿usted qué me responde?

R. Que qué necesidad hay de tocarle los tomates al salmorejo.

P. ¿En este país qué es más universal, el salmorejo o la Justicia?

R. La palabra universal y la palabra Justicia cuando se encuentran en el mismo renglón se asustan de verse tan cerca.

P. Parece que ya no hay tantos jueces estrella en el universo como antes pero, cuando ve a uno pasar, ¿pide un deseo como con las estrellas fugaces?

R. En absoluto… yo no pido deseos. Sólo me pregunto a quién estará siendo de utilidad.

P. ¿Se estrellará la ley de tasas contra la dura superficie de la realidad?

R. ¿Dónde ha notado usted que la superficie de la realidad sea dura?

P. ¿Cree que, en realidad, el ministro Gallardón está tan ciego como la imagen iconográfica de la Justicia?

R. El señor Ministro está hecho un lince, ibérico.

P. Llegamos al final de la entrevista. Elija un licorcito para digerir todo este cuestionario.

R. Cualquier cosa que tenga en casa nos debe valer.

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