John Scofield nos propone un juego de adivinanzas

Concierto de John Scofield en el Festival de la Guitarra

Cuando repasamos la carrera de un músico como John Scofield nos viene a la cabeza la palabra “promiscuidad” y nos aparece desprendida de cualquier significado moralmente negativo que podría alguien aplicarle en otro sentido.

La promiscuidad del guitarrista de Ohio consiste en que ha puesto su técnica y su buen gusto en discos y conciertos de gigantes del jazz como Chet Baker, Charles Mingus, Billy Cobhan, Charlie Haden, Jack DeJhonette, Pat Metheny o el mismísimo Miles Davies, entre otros. Ahí es nada.

A Córdoba ha traído su último proyecto titulado, irónicamente, Yankee Go Home en el que Scofield vuelve figuradamente a casa para revisar las raíces rockeras que le influyeron de joven, eso sí, revisadas tras cincuenta años de trayectoria jazzística. 

Scofield se dirigió al respetable (algo más de media entrada) advirtiendo que “iba a interpretar algunas canciones del siglo XX que los mayores iban a conocer” y añadió, ante las risas del público, “que los más jóvenes preguntasen al de la butaca de al lado”. Así comenzó un maravilloso juego de adivinanzas que siguió en los pasillos mientras se vaciaba el teatro.

Se adivinaron, entre otras, Mr Tamburine man, de Dylan (fácil), The creator has a master plan, de Pharoah Sanders (difícil), un reggae que podría ser una versión del Jesus of America, de Stevie Wonder (complicada), Wichita Lineman, de Glen Campbell (difícil, pero asequible) y el bis fue la romántica y preciosa Only love can break your heart, de Neil Young (fácil, menos mal).

Al escenario del Gran Teatro se ha subido con la base rítmica de Vicente Archer, al contrabajo, la batería de Josh Dion y el magnífico Jon Cowherd al piano y teclados. Ellos se han encargado de tender la vía férrea que ha conducido al yankee Scofield de vuelta a casa. Un regreso demorado porque se detiene en paisajes que ocultan los originales con un abanico de arreglos que flirtean con el blues, el reggae, algo de funky y el espacio de libertad que permite el buen jazz para que cada instrumentista se luzca con pequeños solos e improvisaciones, para que se vayan porque saben volver.

Mucho músico y mucho alumno de música en las butacas del Gran Teatro para jugar a las adivinanzas que propuso Scofield y su impresionante trío de acompañantes.

El Festival de la Guitarra suele programar algún que otro espectáculo que definiríamos como “para melómanos de oreja y morro finos”.

Bueno, pus sin duda éste ha sido uno de ellos.

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