Cuando la cultura tenía nombre propio: La Casa del Ciprés

Arriba Agredano, Dobladez y Alejandra Vanessa. Abajo, Elena Medel, Pablo García Casado y Salvador Gutierrez.
El centro cultural de la ciudad, surgido a finales de los noventa y cuna de escritores locales como Elena Medel o Antonio Agredano, cerró sus puertas hace ya dos lustros

Detrás de la conocida Plaza de la Corredera, en la Calle Tornillo número 2, hace diecisiete años (octubre 1998) abría sus puertas La Casa del Ciprés, importante centro cultural de Córdoba que funcionó como sede de la Dirección Provincial del Instituto Andaluz de la Juventud a inicios del presente siglo. La institución ya desaparecida, llamada así por el gran ciprés que coronaba el patio, vio crecer a escritores cordobeses actuales de la talla de Elena Medel, Alejandra Vanessa o Antonio Agredano, entre otros. La tríada responsable de su funcionamiento y apertura estaba compuesta por Joaquín Dobladez (ex director del Instituto Andaluz de la Juventud, IAJ) y los autores Salvador Gutiérrez Solís y Pablo García Casado, que abrieron talleres de escritura creativa en la Casa; de prosa el primero y de poesía el segundo.

En palabras de Joaquín Dobladez: “Se trataba de apostar por la cantera de escritores locales y darles un espacio donde pudieran crecer, fuera del ambiente institucional gris que pudiera respirar la ciudad”. “La Casa era un pequeño espacio de estucados de colores alrededor de un patio donde hacía muchísimo frío en invierno. En él se realizaban continuas exposiciones y encuentros que aseguraban un ambiente vivo e interdisciplinar: fotografía, literatura, pintura, música… Recuerdo, por ejemplo, una vez que nos acompañaba el escritor Luis Antonio de Villena y el frío era horrible; pero allí estábamos todos puntuales, escuchándole atentos”. menciona Dobladez.

Por su parte, Pablo García Casado recuerda la Casa desde la nostalgia: “Donde hoy se encuentra una de esas casas, cuyas puertas tienen el marco de color rojizo y el ladrillo ocre amarillo, estaba la Casa del Ciprés”. Casado define la actividad del centro como “un invento de unos amigos míos, un acto de reivindicación, un acto joven de rebeldía enmarcado por el estigma cordobés de una generación entre los veinte y los treinta años”.

El poeta cordobés justifica la creación de la Casa en “las ganas de hacer cosas y la constancia, la necesidad de crear un espacio público para la ciudad, un hogar al que la gente le apeteciera ir. ¡Y a la gente le apetecía ir!”. Y continúa: “En general, la Casa supuso la inocencia de lo que vendría, la creencia de que la ciudad podía tener un horizonte de cultura. Los que han quedado, creo, seguimos queriendo hacer cosas; de alguna manera, algo se haría bien cuando ahora vemos los frutos de aquella convivencia”, finaliza el escritor.

En el seno de esta institución cultural surgieron varias iniciativas como los talleres ya mencionados o la creación del mapa poético de Córdoba, fomentado también por el IAJ. Así, desde un bajo presupuesto siempre, La Casa del Ciprés abrió paso a una nueva generación de creadores entre los que se encuentran los más reconocidos del panorama local y fue, junto a la antigua Posada del Potro (actual Centro Flamenco Fosforito), regentada por Rafaela Valenzuela, el foco cultural del panorama cordobés. La Casa del Ciprés es hoy casi desconocida por los más jóvenes.

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