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Cines de Verano - Cine Fuenseca

Juan Velasco

28 de mayo de 2026 20:05 h

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300.000 euros.

Es lo que quiere darle el Ayuntamiento a un festival de música privado que se celebra en El Arenal y que, en su segundo año, no ofrece ningún concierto exclusivo que no pueda verse en cualquier otra ciudad de España (o se haya visto ya en Córdoba).

Es lo que quiere darle el Ayuntamiento a otro festival de música privado que se celebra en la plaza de toros bajo la idea de que estimulará la oferta cultural en verano, pese a que no ofrece conciertos ni en julio ni en agosto.

Es poco más de la mitad de los casi 550.000 euros que ha inyectado este año el Ayuntamiento de Córdoba al club de fútbol de la ciudad, que está en manos privadas y juega en el equivalente a segunda división.

Es también la cantidad que ha aportado el Ayuntamiento de Córdoba para apoyar el Rally Sierra Morena este año.

Es el 83% de la subvención nominativa de 360.000 euros que el Ayuntamiento de Córdoba ha destinado este año a la Agrupación de Hermandades y Cofradías.

Es el 6% de los cinco millones de euros que ha pagado el Ayuntamiento de Córdoba por hacerse con el edificio de Caballerizas Reales para, a continuación, comenzar el proceso administrativo para cedérselo a una entidad privada.

Es el 66% de la cantidad anual de 450.000 euros que destinó el Ayuntamiento de Córdoba a la fundación TBA21 -Thyssen-Bornemisza Academy- durante cada uno de los tres ejercicios que este organismo estuvo exponiendo su colección en el Centro de Creación Contemporánea de Córdoba (C3A), un edificio del que no era titular.

300.000 euros.

Es la cantidad por la que el Ayuntamiento de Córdoba podría haberse hecho con tres cines de verano que suman 4.500 metros cuadrados de suelo urbano (catalogado como jardín y equipamiento cultural y deportivo) ubicado en el Casco Histórico de Córdoba, donde las zonas verdes no abundan en comparación con el granito y el adoquín.

300.000 euros.

El 29% del valor catastral de poco más de un millón de euros que tienen esos tres cines de verano, el Delicias, el Fuenseca y el Olimpia, que forman parte del patrimonio emocional de miles de cordobeses.

300.000 euros.

Ese es el precio de una oportunidad histórica para la ciudad de Córdoba que se ha esfumado y ni siquiera nos enteramos.

Supongo que son cosas que pasan. Y que, si pasan por la Junta de Gobierno Local en plena Feria de Córdoba, mejor que mejor.

En loop

Contaba recientemente Ed O'Brien, guitarrista miembro de Radiohead, que tras el fin de la gira del grupo en 2018 entró en una especie de depresión de la que le costó mucho salir. Y también que la reciente gira del grupo británico de 2025 le ha colmado de una felicidad que espera (esperamos) que se repita en el futuro próximo y, a la vez, le ha ayudado a dar la forma definitiva a las ideas musicales que había en su interior. Entre esas dos giras, O'Brien —el George Harrison de Radiohead, si aceptamos que Thom Yorke y Jonny Greenwood son los McCartney y Lennon de la banda— sacó un primer disco en solitario bajo el acrónimo EOB.

Ahora, acaba de publicar el segundo. Y es un derroche de talento que hace justicia al título del disco, Blue Morpho, como si EOB hubiera tenido que metamorfosearse en Ed O'Brien para llegar a ofrecer un conjunto de canciones tan precioso (y preciso) como éste. Un ejercicio de reconstrucción emocional: siete piezas que convierten la ansiedad, el aislamiento y la búsqueda espiritual en música expansiva, elegante y profundamente humana.

Grabado entre la naturaleza húmeda y casi mística de Gales y el estudio londinense The Church, Blue Morpho encuentra a O’Brien alejándose del formato rock más reconocible para abrazar texturas ambient, psicodelia folk, electrónica orgánica y pulsos cercanos al jazz contemporáneo, con mucho peso del afrobeat y la música brasileña. Hay algo hipnótico en cómo fluyen estas canciones, como si estuvieran pensadas más para habitarse que para escucharse de forma convencional. La producción de Paul Epworth y las colaboraciones de músicos como Shabaka Hutchings amplían todavía más ese carácter espiritual y envolvente de unas composiciones cuyos arreglos remiten más a Johnny Greenwood que los últimos discos de Johnny Greenwood.

Pero lo más fascinante del disco es comprobar cómo alguien que lleva décadas formando parte de una de las bandas más influyentes del siglo XXI todavía parece dispuesto a empezar de nuevo. Blue Morpho suena a descubrimiento, a músico liberado de expectativas y reconciliado consigo mismo. Y, a la vez, recuerda que hace ya diez años que vio la luz A moon shaped pool, el último LP de un grupo cuyos miembros no dejan de mostrar al mundo que siguen teniendo muchas cosas que decir.

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