TRIBUNALES
El acusado del crimen de Platero Pedro de Bares confesó los hechos tras ser detenido, según un policía
El acusado de asesinar a un hombre en un piso en la calle Platero Pedro de Bares habría confesado que lo había matado porque “le había chuleado”. Así lo ha declarado este martes uno de los policías que detuvieron al acusado a pocos metros de la vivienda en la que ocurrieron los hechos. Además de este testimonio, la segunda sesión del juicio ha acogido la declaración de D.P., la principal testigo del apuñalamiento, cinco policías que participaron en el operativo de detención e investigación, el padre de la víctima y una hija del fallecido no reconocida.
La primera persona en declarar ha sido D.P., quien era pareja del acusado. Ha asegurado que no mantenía ningún tipo de relación sentimental con la víctima, a quien -según su testimonio- conoció el mismo día de los hechos. Sin embargo, varios agentes señalaron que ella misma les manifestó entre gritos que el fallecido era su pareja. En su declaración ha relatado que vivía junto con el procesado en el domicilio donde ocurrió el crimen y que el procesado, a pesar de tener una orden de alejamiento por violencia de género hacia ella, se encontraba allí desde diciembre de 2023 tras salir de prisión. Hay que recordar que el encartado estaba en la cárcel por una causa de violencia de género sobre esta testigo. “Le tenía miedo. Me mandaba cartas desde la cárcel, incluso compañeros suyos vinieron a buscarme. No sabía qué podía pasar si no lo recogía cuando saliera de la cárcel”, ha declarado. Así, supuestamente, lo acogió “por temor”.
La mujer ha explicado que la tarde del 10 de abril, acompañada del acusado y tras encontrarse con la víctima en la calle, fueron juntos a su casa y pasaron horas bebiendo y consumiendo drogas. Posteriormente, acudieron a un pub, donde habría comenzado el episodio de violencia desencadenante de la agresión. Según su declaración, el portero del establecimiento la saludó y ya no la “dejó” moverse “de la silla”. De vuelta al domicilio, el encartado la habría insultado, diciéndole “puta” y asegurando que “se había acostado con todo el mundo”. En un momento dado, la víctima habría intervenido para que el procesado cesara en su comportamiento, así que tanto ella como la mujer intentaron echarlo del piso: “Lo empujamos como pudimos hasta sacarlo de casa”, ha dicho. Quince minutos más tarde, según su testimonio, alguien llamó a la puerta. La víctima fue quien abrió y recibió dos puñaladas en el pecho mientras ella iba detrás suya.
La declarante ha reconocido que ambas cuchilladas “se las podría haber llevado cualquiera” dado que abrieron la puerta porque creían que era la Policía, ya que “los vecinos dijeron que iban a llamar por las voces que estaba pegando” el acusado. Cuando la víctima fue agredida, D.P. -según su declaración- salió tras el acusado y llamó al 061, a quienes les fue informando de por dónde huía el procesado, de quien ha dicho que “corría como una liebre” pese a la cojera que tenía. Además, ha negado que ella y la víctima agredieran al acusado, tal y como sostuvo el procesado este lunes en su declaración.
Los agentes de la Policía Nacional que intervinieron en la detención del acusado han ofrecido testimonios coincidentes sobre lo ocurrido la mañana de los hechos. Un miembro de la UPR ha relatado que acudieron a la zona tras recibir un aviso de reyerta con arma blanca y se toparon con el sospechoso en las inmediaciones. Según su declaración, el hombre intentó deshacerse del arma: “Hizo como un amago de tirar algo y al acercarnos vimos la navaja en un seto, con restos de sangre”.
Otro de los policías participantes en la detención ha detallado que, gracias a la información que recibían por emisora desde la sala del 091 y de varios viandantes, lograron interceptar al sospechoso a escasas dos manzanas del lugar de los hechos. “Estaba bastante normal en su comportamiento y dijo literalmente que la víctima le había chuleado y que lo había matado”, ha declarado este policía, que ha asegurado que el hombre puso cierta resistencia a ser detenido, aunque poco pudo hacer dado que ambos lados de la calle había un policía. Según este agente, el acusado no parecía estar bajo los efectos de drogas o alcohol, y lo único que preguntó en el calabozo fue si la víctima había muerto.
Hipótesis de lo que ocurrió dentro del piso tras la puñalada
Por otro lado, el jefe de la Brigada de Homicidios de Córdoba, encargado de la instrucción de las diligencias, ha detallado en sala cómo se desarrolló la inspección ocular tras el crimen. Así, según las primeras hipótesis recogidas en su informe, la agresión se produjo en la puerta del domicilio. La víctima, tras recibir las puñaladas, habría sangrado de forma abundante y, al intentar refugiarse en el interior, fue a la cocina en busca de un trapo con el que taponarse las heridas. Posteriormente, se sentó en una silla del salón, donde comenzó a experimentar síntomas de shock hipovolémico hasta que, al quedarse solo, salió de la vivienda, perdió el equilibrio y cayó inconsciente.
Esta reconstrucción contradice la versión del acusado, que situaba la agresión en el interior del salón. Sobre los signos de violencia en la vivienda, indicó que solo encontraron un martillo y un cristal roto de una puerta, pero no un desorden generalizado: “Una cosa es una noche de fiesta y otra, una pelea”, ha puntualizado.
Declaración de una hija no reconocida
Durante la sesión también ha declarado el padre de la víctima, quien ha explicado que tenía dos hijos menores de edad y una hija mayor de 21 años, que no está legalmente reconocida, pero que ha iniciado un proceso para el reconocimiento de la paternidad. Además, ha asegurado que tanto la víctima con esta hija mayor tenían “muy buena relación”, hecho que ha confirmado la joven, que ha declarado por videoconferencia.
Según su testimonio, desde que tenía 14 años ha pasado los veranos en Córdoba -ella reside en Menorca- para ver a su padre y sus dos hermanos, y que mantenían comunicación frecuentemente. Sin embargo, la esposa de la víctima y madre de los hermanos de la joven ha señalado que apenas ha ido “dos veces” a su casa y unos 15 días en cada ocasión. La relación de esta mujer con el fallecido ha estado marcada “por las peleas y las reconciliaciones” y actualmente tiene a su cargo a dos menores de edad, de nueve y 11 años, fruto del matrimonio. El juicio continuará este miércoles con las pruebas periciales.
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