La tormenta de dos semanas sobre José Antonio Nieto

Nieto, en la convención del PP cordobés de enero | MADERO CUBERO

"Lo peor ya ha pasado". El entorno del secretario de Estado de Seguridad y todavía presidente provincial del PP (y también exalcalde de Córdoba), José Antonio Nieto, decía respirar tranquilo tras la comparecencia en la Comisión de Interior del Congreso de los Diputados para dar explicaciones sobre su reunión con el hermano de Ignacio González, expresidente de Madrid y encarcelado tras la operación Lezo. "Ha sido una tormenta", admitían, en la que, reconocen, han sido las dos peores semanas en la vida política de José Antonio Nieto.

El político cordobés, que en ningún momento se le pasó por la cabeza dimitir, ha estado en el foco político nacional desde el pasado sábado, cuando trascendió su reunión con Pablo González, también encarcelado, y que Nieto siempre ha defendido como protocolaria. Pero una semana antes, incluso un mes antes, el secretario de Estado de Seguridad ya sufrió uno de sus golpes (políticos) más duros: que su propio partido no lo dejase seguir siendo el presidente provincial en Córdoba. Y su entorno duda: no sabe si ha sido peor el revés de su propio partido o el aluvión que ha tenido que soportar desde hace una semana, portada tras portada de periódico nacional.

"Pero lo peor ya ha pasado", insisten las fuentes. En su comparecencia, Nieto llegó a mostrarse desafiante, diciendo que se iba más tranquilo de lo que entró sabiendo que los partidos de la oposición no tenían pruebas contra él. Incluso atacó al diputado del PSOE que pidió su dimisión. Ciudadanos no lo hizo, aunque sí que consideró inverosímil su versión sobre la reunión con Pablo González. Es más, hasta consideró que lo mejor de su comparecencia fue su cuerpo a cuerpo con el diputado de Esquerra Republicana de Catalunya Gabriel Rufián. Es más, después de la comparecencia concedió una entrevista a El Independiente en la que llegó hasta a criticar las demandas del juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco que dirige la operación Lezo.

Nieto, que sigue gozando de la total confianza del ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, se siente reforzado tras su comparecencia. Sostiene que no le dijo nada a Pablo González y que es víctima de un "linchamiento político". Incluso acusó a los medios de comunicación de haber tergiversado la información, algo que a la prensa de Madrid le ha sentado peor que mal.

A partir de ahora, el secretario de Estado quiere retomar la iniciativa. Por delante queda la elección de su sucesor en Córdoba al frente del PP. Adolfo Molina es su candidato. En el partido se ve con preocupación lo que ha pasado en Sevilla y Jaén, donde ha habido elecciones a la dirección consultando a la militancia. En las dos provincias han ganado los candidatos críticos, los no afines a los presidentes salientes. De momento, en Córdoba esperan que no ocurra lo mismo, pero la cantidad de avales que logró Rosario Alarcón al margen del aparato del partido se ve con preocupación, pese a que Molina obtuvo seis veces más.

En Madrid, Nieto se enfrenta a una triple crisis. La primera: que el sumario de la operación Lezo se va a seguir filtrando. La segunda: que parece ser que el próximo objetivo de la Audiencia Nacional es Mercasa. Y la tercera: la guerra en la cúpula de la Policía Nacional que todavía no está resuelta.

La moción de censura anunciada por Podemos y que las últimas escuchas telefónicas implican al ministro de Justicia Rafael Catalá también ha hecho que se desvíe un foco que se estaba volviendo insoportable para Nieto. Él mismo, en su comparecencia, habló de su familia y de lo mal que lo estaba pasando con todo lo que estaba leyendo en estos días. Pero decidió defenderse atacando, una estrategia que el tiempo dirá si fue acertada o no. El secretario de Estado en sede parlamentaria echó toda la carne en el asador. Reiteró que no le había dicho nada a Pablo González ante la mayor audiencia que jamás haya tenido, con televisiones nacionales conectando en directo. Sus palabras no se olvidarán, y se mirarán con lupa el día en que se levante el secreto de sumario y se conozcan todos los pinchazos telefónicos.

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