'Tardebuena' en los tiempos del Covid: ruta por los puntos calientes de Córdoba

Un grupo de amigas en la 'Tardebuena' cordobesa | TONI BLANCO

Un camarero mira agobiado cuando le pregunta el periodista en la plaza de la Corredera. Alguien ha roto un vaso y un grupo lo celebra. Llevan felpas con cuernos de renos. Todos están sentados. Los aplausos se apagan rápidamente. Es Tardebuena, pero no una Tardebuena cualquiera. Antes del 2020, a ese vaso le habrían sucedido unos cuantos más. Por supuesto, nadie estaría sentado, todo el mundo se habría agolpado en una barra metálica instalada en el exterior y pugnaría por llamar la atención del camarero para que le pusiera otra copa.

Nada es igual en 2020 después de la pandemia. Y Córdoba, en la tarde de Nochebuena más extraña en décadas tampoco lo es. Esta es la crónica de un recorrido por los puntos calientes de la ciudad en otras Tardesbuenas donde había de todo, hasta cargas de los antidisturbios, como ocurrió en el año 2013.

Plaza de la Corredera, el fin de las barras

La Corredera estaba llena, sí, desde el mediodía. Toda la plaza ofrecía un aspecto similar al de cualquier sábado. Y casi todos eran menores de 40 años. Al menos la mayoría. Pero lejos de las aglomeraciones bajo los arcos de otros años, todo el público consumía sentado en una mesa. Los que había de pie o estaban fumando o estaban esperando al improbable caso de que se quedara libre una mesa. Poco más.

“Tenemos orden de no servir a nadie que esté de pie. Solo atendemos mesas”, explicaba la camarera de uno de los locales de esta histórica plaza cordobesa. “Este año sin barras es todo más ágil”, explicaba. Y así era. Ni el Arco Alto ni el Arco Bajo (curiosamente el Alto es el más pequeño, pero esa es otra historia) presentaban las aglomeraciones de otros años en las que la multitud llegaba a zarandear coches. Había exaltación de la amistad, sí. Selfies sin mascarilla, sí. Y abrazos, también. Pero se escuchaban pocos petardos y en ningún momento existía una gran sensación de agobio.

Eso sí, poco después de las 18:00 todavía había gente sentada en los veladores. Algunos consumiendo y otros sin poder hacerlo durante el parón de dos horas para evitar el relío. Muchos negocios, aseguraban, ya no iban a volver a abrir. A esa hora, también, muchos jóvenes se levantaban sin rumbo definido. Algunos se marchaban a casa (pocos), otros intentaban comprar algunas latas para seguir la fiesta en algún sitio, aseguraban. Otros hacían tiempo para cuando volvieran a abrir los bares.

La Ribera, colas muy testimoniales para entrar al Sojo

Otro de los puntos calientes de la Tardebuena cordobesa es la Ribera. O lo fue. Toda la ronda presentaba un aspecto bastante despejado, a diferencia de La Corredera. De hecho, en algunas terrazas había sitios vacíos. No muchos.

En La Ribera la mayoría del público apuraba el almuerzo, que se aliñaba ya con copa larga. De balón en algunos casos. Pero poco lío. Eso sí, algunas colas muy testimoniales en la puerta del Sojo, cuando quedaba apenas media hora para su cierre. Pero todos guardando distancias de seguridad y sin mayores problemas. Tan tranquila estaba la Ribera que hasta se notaba en el tráfico. Unos cuantos taxis iban y venían, en una tarde incluso con menos movimiento que la de un sábado cualquiera. Al otro lado de las terrazas, gente paseando, haciendo deporte y hasta niños estrenando algún juguete antes de la llegada de Papá Noel.

Conatos de botellones en la avenida de Barcelona

Dos lecheras de la UPR de la Policía Nacional estaban aparcadas en el cruce entre la avenida de Barcelona y la avenida de Libia, quizás el punto más caliente de la Nochebuena cordobesa. Varios grupos de agentes identifican a grupos de jóvenes que amagan con abrir sus botellas, sus hielos y sus refrescos, con los que aliñarán el alcohol. Les piden el DNI y los jóvenes colaboran. Pasa unas cuantas veces, pero sin llegar a más.

La sola presencia de los policías nacionales disuade a muchos. En el suelo hay algunos cristales rotos que a las 18:00, puntualmente, son barridos por un camarero que acaba de desmontar la terraza con puntualidad británica. Algunos de los que quedan sentados en otras terrazas tienen más de 40 años. Algunos hasta bastantes más. Son los más perezosos a la hora de levantarse. Todos lo hacen.

Este año, la avenida de Barcelona ha sido otro extraño lugar en Nochebuena. Bares abiertos, sí. Terrazas llenas, sí. Interiores a mitad de aforo, también. “Como para no cumplir”, resoplaba el dueño de un local. “¿Tú estás viendo a los policías locales que no paran de pasar?”, insistía. Y es verdad. Desde las 17:30, los agentes de la Policía Local entran a los locales para recordar que en media hora tienen que cerrar. Orden de Juanma Moreno. Todos cumplen.

Al igual que en La Corredera, muchos jóvenes caminan sin rumbo fijo. “A la explanada del cementerio”, se gritan unos a otros. Amagan con hacer botellón allí. De fondo, en La Fuensanta, se escuchan petardos como morteros. Algunos hasta traen una pequeñita onda expansiva. Por la avenida pasa un descapotable. A bordo, dos personas vestidas de Papá Noel. Pitan, saludan, se ríen y se marchan. La gente igual. Una vecina pasea a su perro, algo que en aquellos años previos a la pandemia habría sido imposible.

Terrazas delimitadas por precintos en la Plaza de la Oca

Era, quizás, una de las imágenes de la tarde: unos precintos de obra limitaban algunas terrazas en la Plaza de la Oca. “Así nos aseguramos que la gente no se nos agolpa”, explicaban los camareros. Y ocurre. Solo pueden consumir los que están dentro del precinto. Fuera, la explanada. Poco más.

También a las 18:00 se echan las persianas, se corta el grifo del alcohol y la gente se levanta. “Qué bien vamos a llegar este año para la cena”, bromea una pareja, que se aleja, abrazada, sin mascarilla y fumando.

San Lorenzo, bares cerrados de manera preventiva

San Lorenzo es uno de esos barrios populares que siempre tuvieron vida propia por Nochebuena. Muchos vecinos se agolpaban en bares como el Millán, que este día 24 ha decidido cerrar durante toda la jornada. Por descanso del personal y para evitar problemas. En el poco espacio de la plaza se agolpaba mucha gente. “Mejor así”, se tranquilizan los vecinos que pasean por una zona extrañamente tranquila.

En el resto de la ciudad, pocas intervenciones hasta las 18:30, según fuentes policiales. Alguna denuncia pero todo bastante tranquilo. Mucha gente en la calle, sí, pero de una manera totalmente diferente a la de cualquier Nochebuena de nuestra vida anterior.

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