La sonrisa de un niño de acogida no se compra con dinero

Niños saharauis a su llegada a Córdoba | MADERO CUBERO
Pese a la crisis económica, son muchas las familias cordobesas que este año se han decidido a volver a acoger en sus casas a pequeños del Sáhara Occidental o de Bielorrusia

Al igual que para muchos cordobeses, las vacaciones también han llegado para los niños del Sahara y Bielorrusia. Otro año más, la Asociación Cordobesa Amigos de los Niños Saharauis (Acansa), junto a familias voluntarias, acogen a estos chicos para que pasen aquí sus vacaciones. Durante los meses de julio y agosto, podrán disfrutar de las diversas actividades que estas familias les tienen preparadas. Córdoba ha demostrado ser una ciudad de personas solidarias que, a pesar de la crisis, son conscientes de que estos pequeños han vivido experiencias que les hacen madurar desde una edad muy temprana. “He tenido problemas económicos, pero en ningún momento he pensado en no acoger este año a Ahmed”, ha declarado una madre de acogida.

Muchas de estas personas han vendido papeletas durante el año para financiar parte del viaje. “Este año hemos notado que la venta de papeletas ha disminuido por la crisis, pero no nos hemos rendido. Ver la sonrisa de estos niños es algo que no se puede comprar con el dinero, sobre todo, porque sabemos las dificultades por las que han pasado”. Durante estos dos meses podrán vivir nuevas experiencias, lejos de los problemas de sus respectivos países. “Allí, cada uno tiene su tarea. Hay niños que se encargan de cuidar a la vacas, limpiar... no son actividades para su edad. Mientras estén aquí su única obligación es ser niños”. Sin embargo, los pequeños no pierden el contacto con su familia. En estos dos meses se comunican con ellos a través de los móviles que las familias de acogida les envían. “Es normal que los niños echen de menos a sus padres. Siempre tienen ganas de volver a casa”.

Ahmed es un niño saharaui de 10 años que le encanta jugar al fútbol y comer hamburguesas. “Me encanta venir a Córdoba para comer hamburguesas y para poder jugar todo el rato”. Es su cuarto año en Córdoba y aún sigue jugando con el interruptor de la luz como si fuera el primer día. “Me sorprende que con lo pequeño que es aprecia más que muchos de nosotros las cosas. Come de todo y está muy concienciado con lo importante que es la comida”, cuenta Soledad Albareda, su madre de acogida. A pesar de su corta edad, Ahmed tiene muy claro que llegará a ser un gran médico. Estas familias son un ejemplo para la sociedad cordobesa que, además, ve en el programa una oportunidad para que los niños opten a un futuro mejor.

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