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El tomate rosa, la joya de Alcolea: una variedad única que conquista Córdoba

El tomate rosa, la joya de Alcolea: una variedad única que conquista Córdoba

Jesús Ventura

19 de julio de 2026 20:01 h

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“Pruebas a cultivarlo fuera de aquí, con la misma semilla y no sale igual”, relata Antonio Carmona, hortelano de Alcolea, a este periódico al ser preguntado por lo que tiene entre sus manos. No es nada más ni nada menos que un tomate que pesa más de un kilo. “Y no son los más grandes que hemos visto en esta cosecha”, explica mientras saca el móvil y enseña un ejemplar de cerca de dos kilogramos. Desde el Camino del Azud hasta muchos rincones de la capital cordobesa e incluso de toda la provincia.

Para los que no lo sepan, el tomate de Alcolea ha sido un reclamo muy alto para los amantes de esta hortaliza -o fruta para muchos-. Su color rosado, su sabor, carnosidad, piel final y, sobre todo, tamaño ha hecho que sea algo singular. Y es lo que recuerda Antonio. “Se intenta cultivar en otras zonas y no sale igual, pero otras especies sí que se cultivan aquí y salen genial”, argumenta Antonio Carmona.

Tomate rosa de Alcolea

En apenas diez minutos, dos coches se acercan a la extensión a comprar lo mismo: tomates. Y es que la explotación no es un negocio recién llegado, sino que es un legado vivo. Ya son tres las generaciones que han trabajado en esta tierra, mientras que el hijo de Antonio ya ayuda también. El tiempo aquí suele medirse por cosechas. Al frente de la venta y el trato con el público sigue Carmen, la madre de Antonio, quien a sus más de 80 años ya ha dedicado más de 50 de su vida a esta parcela.

Por su parte, Antonio lleva las riendas del negocio desde hace 15 años, aunque su formación empezó mucho antes. Mientras estudiaba, dedicaba sus ratos libres a echar una mano a su padre, aprendiendo los secretos de un oficio que exige una entrega absoluta. Hoy, esa dedicación se traduce en una producción que, aunque variable según el año y la meteorología, puede alcanzar los 10.000 kilos de tomates en una buena temporada.

La variedad en la cosecha y el 'boca a boca'

Pese a que el tomate es el “producto estrella” y el reclamo principal, la huerta de Antonio no es algo que se centra únicamente en este producto, sino que no se detiene cuando acaba el verano. El ciclo agrícola en este sentido es constante y se mantiene: mientras los meses de calor abundan los calabacines, pepinos y berenjenas, a partir de agosto ya se preparan los semilleros de coles y escarolas para el invierno. Una estampa de campo en pleno Camino del Azud donde ya cada vez quedan menos huertas.

Aun así, la fama de estos tomates ha cruzado los límites de la barriada, ya son productos típicos cordobeses. Según ha explicado Antonio a este periódico, entre el 90 y el 95% de sus clientes provienen de Córdoba capital, incluso ya hay gente que viene de pueblos aledaños. Es un fenómeno de peregrinación gastronómica donde el 'boca a boca' ha sido la mejor campaña de marketing; muchos de los compradores actuales ya eran clientes de su padre y han mantenido la fidelidad a lo largo de las décadas.

Plantación de tomate rosa de Alcolea

Además, la relación directa que ha conseguido Antonio Carmona con el consumidor es la base de su filosofía de trabajo. El cordobés prefiere vender directamente a particulares en su casa que someterse a las condiciones de las grandes cadenas o de la restauración masiva. Para él, vender en su propio entorno le permite evitar los precios impuestos y el estrés de la distribución en la ciudad, manteniendo el control sobre su producto y su tiempo.

El trato es tan personal que incluso los clientes le llaman directamente por teléfono para preguntar si “hay tomates” antes de desplazarse. “Para mí hay clientes que después de tantos años ya se han convertido también en familia”. Esto hace que el propio Antonio Carmona sea sincero, porque la naturaleza manda: si no hay producción ese día, no se puede inventar, pues depende totalmente de lo que la mata sana quiera ofrecer bajo el rigor del clima cordobés, que ha hecho mella en las últimas semanas con el calor.

Tomate rosa de Alcolea

Entretanto, que los tomates estén en la casa de muchos cordobeses no es fruto de la casualidad, ya que el trabajo en el campo es, sin embargo, de una dureza extrema. La jornada de Antonio comienza a las 7:00 y se extiende, en muchas ocasiones, hasta que cae el sol. El calor es el principal adversario, afectando tanto a la maduración del tomate como a la resistencia física de los trabajadores, quienes deben estar constantemente pendientes del riego y la salud de las plantas para que la cosecha no se pierda.

A pesar de los desafíos, Antonio no está solo; cuenta con el apoyo de dos personas más en la explotación y, por supuesto, con el pilar fundamental que es su madre en el punto de venta. Carmen siempre está con una sonrisa en la boca y debate con todo aquel que busca comprar tomates. La venta entre familia, como antes de que las grandes cadenas fuesen protagonistas. Juntos forman un equipo que resiste a la industrialización del sector, apostando por la calidad y la cercanía que solo una huerta familiar puede ofrecer.

Tomate rosa de Alcolea
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