El taxi para los pacientes de diálisis llega a su fin en Córdoba con la duda de si las ambulancias serán o no una mejora
En Córdoba, el próximo 1 de septiembre estará marcado por el cese de la colaboración entre los taxistas y los pacientes de diálisis después de 35 años. Lo que comenzó como un transporte concertado se acabó transformando en una red de apoyo humanitario indispensable para personas cuya salud se ve severamente castigada tras cada sesión de tratamiento. La decisión del Servicio Andaluz de Salud (SAS) de unificar este servicio bajo un modelo de ambulancias abre un periodo de incertidumbre entre los usuarios, quienes, según los representantes de la Asociación de Autónomos del Taxi de Córdoba (Autacor), serán los principales damnificados.
Este servicio de taxi en Córdoba capital ha sido durante décadas una de las señas de identidad del compromiso social de los taxistas cordobeses, quienes se organizaban de manera voluntaria a través de un sistema de requerimientos gestionado por la Asociación para la Lucha Contra las Enfermedades Renales (Alcer Córdoba). Prácticamente la totalidad de la flota -el 75% de unos 506 vehículos- participa en algún momento, cubriendo rutas que abarcan desde el centro histórico hasta las barriadas como Villarrubia, Alcolea o la Carrera del Caballo, tal y como explican a este periódico el presidente de Autacor, José María Jiménez, y el tesorero de la entidad, David Mohedano.
Para el sector, esta pérdida supone un impacto financiero considerable. Con una media de 20 pacientes por sesión y un volumen de unos 240 servicios semanales basados en tarifas cerradas -8,60 euros por carrera, aunque el precio varía si hay más de un paciente en un mismo taxi-, el convenio constituía un pilar de facturación regular para muchos autónomos. Según la última renovación del convenio entre el Hospital Reina Sofía y Alcer Córdoba, fechada en agosto de 2025, esta asociación ingresará hasta finales de este mes un total de 30.200 euros por la gestión, coordinación y racionalización de los desplazamientos de enfermos. Por otro lado, el presupuesto anual destinado a los taxistas de Autacor y a los rurales para el traslado de los pacientes asciende a 2.330.200 euros.
Sin embargo, ambos portavoces de los taxistas de la capital recalcan que el verdadero valor de este servicio no se mide en euros. De hecho, Mohedano puntualiza que, debido al encarecimiento del combustible y “a tarifas congeladas durante cinco o seis años -que además se cobraban con retrasos de hasta tres o cuatro meses por parte de la administración-”, muchos trayectos acababan costándoles dinero a los propios taxistas. “Esta es una realidad que siempre ha caracterizado al taxista, por esos servicios más humanos”. La Junta ha justificado el cambio para evitar diferencias entre provincias. Aunque ha dicho que el coste será “similar”, aún no ha hecho referencia a ningún presupuesto. Además, ha asegurado que el servicio “contará con nuevos vehículos”, pero todavía no ha anunciado cuántos ni cómo se ejecutarán los traslados.
La dura realidad post-diálisis
La principal preocupación de Autacor radica en el descenso en la calidad del servicio que, intuyen, sufrirán los pacientes. “Una sesión de diálisis dura unas cuatro horas. El tratamiento es físicamente devastador: a los pacientes se les extrae la sangre para limpiarla en una máquina, lo que altera su temperatura y su presión arterial. Cuando salen, están muy mal. A veces, mareados y flojos”, explica Mohedano. Hasta el próximo 31 de agosto, el taxi recogerá al paciente de manera individual (o acompañado por un máximo de otro paciente si coincide la ruta) y, en cuestión, de “15 o 20 minutos máximo” estará en la puerta de su domicilio“. ”No es un servicio de transporte“, aclara Mohedano. ”Te bajas, lo sacas del coche, lo dejas a la puerta y, si va en silla de ruedas, la coges, lo sientas y, hasta que venga el familiar, estás con él“.
El nuevo sistema de “furgonetas colectivas” -que los taxistas se niegan a calificar como “ambulancias” al no estar medicalizadas y contar únicamente con el conductor- romperá por completo todo el servicio, creen. “Al tener que agrupar hasta a siete pacientes por vehículo para optimizar las rutas, los tiempos de espera y de trayecto se dispararán, por ejemplo. Si tienen que estar en el centro de diálisis a las 7:30, ¿a qué hora recoge el conductor al primero?”, se pregunta Mohedano. A la vuelta, la situación será idéntica, pero a la inversa: “El primer paciente recogido, tras salir exhausto del tratamiento, tendrá que soportar un recorrido mientras se va dejando a los demás compañeros en sus respectivos domicilios”.
A esto se suma una complicación relacionada directamente con la salud de los pacientes. “Cuando terminan la diálisis, muchos sangran”, advierte Mohedano. Bajo el protocolo del taxi, si un paciente comienza a sangrar tras ser desconectado de la máquina, el taxista espera pacientemente el tiempo de coagulación necesario (que suele rondar los 20 minutos) “o, incluso, da la vuelta para devolverlo al centro médico”.
Otra cuestión que también han valorado los taxistas es la realidad urbana de Córdoba, sobre todo, del casco histórico, plagado de calles estrechas. Tanto ellos como sus compañeros, habituados a transitar por estas zonas diariamente, conocen al milímetro cada rincón, por lo que se preguntan “cómo una ambulancia accederá a la calle Buen Pastor”, donde vive un paciente de diálisis que ellos conocen bien. “Este enfermo usa andador y silla de ruedas, y por su calle no entra una ambulancia. ¿Qué va a ocurrir entonces? ¿Aparcará el conductor y lo conducirá hasta su calle? ¿El paciente se tendrá que bajar solo? Y el resto de usuarios, ¿qué hacen mientras? ¿Esperar dentro de la ambulancia?”. Estas son algunas de las muchas preguntas que se hacen ambos taxistas, amantes de este servicio por las relaciones afectivas que han ido construyendo durante la década en la que ellos llevan participando.
Y es que, al coincidir tres veces por semana en los mismos turnos, “se creaba un vínculo de confianza que era más que de paciente y conductor”. De esta forma, el taxi se convierte en un espacio de desahogo y distracción para personas que, en muchos casos, “se encuentran en una profunda soledad”. El tesorero de Autacor recuerda con especial cariño a una pareja de pacientes que siempre viajaba junta. “Ese ratito de taxi valía la vida... Era un rato de cachondeo entre compañeros de sala. Cuando se montaban, tú ya sabías de lo que íbamos a charlar y nos hartábamos de reír”, recuerda.
Familiares de pacientes de diálisis ya han preguntado cuánto costaría un servicio de taxi al mes
La directiva de Autacor intentó mediar con la gerencia del Hospital Reina Sofía y el Servicio Andaluz de Salud (SAS) al asumir sus cargos a principios de 2026, pero la respuesta fue tajante. “Nos dijeron que esto es lo que había, que no se renovaba el convenio, pero nos pidieron hacer más dulce la transición a los pacientes”, afirma Jiménez. Los argumentos oficiales se escudaban en la necesidad de “homogeneizar” el transporte sanitario con el resto de provincias andaluzas, donde Córdoba era el último bastión que conservaba el transporte en taxi para pacientes de diálisis. “Si algo funciona, ¿por qué cambiarlo si el coste va a ser similar? No lo entendemos”, cuestiona el presidente de Autacor. Para los taxistas, el hecho de ser singulares no significa que se esté actuando mal, y ponen como ejemplo la ausencia de plataformas de VTC: “También somos la única provincia andaluza que no tenemos estos vehículos, por algo será, ¿no?”, se pregunta Jiménez.
Es más, ambos taxistas dudan seriamente de que el gasto de la administración vaya a ser equiparable, ya que sostienen que el déficit crónico de ambulancias en la provincia obligará a la empresa adjudicataria a ampliar la flota y contratar personal adicional, lo que disparará el coste final por encima del presupuesto del taxi.
El escepticismo sobre el nuevo sistema es tal que, incluso antes de que comience a operar el servicio de ambulancias, las familias de los pacientes ya están buscando alternativas. Tanto es así que, según confirma Jiménez, la organización que preside ha comenzado a recibir llamadas de familiares “preguntando por tarifas privadas mensuales para mantener el servicio de taxi individualizado. Habrá que ver qué ocurre a partir de septiembre”, concluye el presidente de Autacor. Este periódico ha contactado con Alcer para conocer su opinión sobre el cambio del servicio, pero sin éxito.
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