Un principio del estío más cálido de lo normal
No, no es el calor de siempre. Córdoba está sufriendo un verano que está siendo más cálido de lo normal. Un análisis de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) de lo que va de verano así lo indica. Tanto las máximas como las mínimas han sido superiores a la media de los últimos años en la mayor parte de los días de los meses de junio y julio.
Los datos recopilados por la estación meteorológica del Aeropuerto de Córdoba reflejan una tendencia clara. Desde el inicio del verano meteorológico, el 1 de junio, las temperaturas han permanecido casi siempre por encima de los valores medios registrados entre 1991 y 2020, la serie climática de referencia que utiliza la Aemet. La diferencia ha sido especialmente notable en las horas centrales del día, cuando las temperaturas máximas han llegado a situarse hasta seis grados por encima de lo habitual para estas fechas.
El verano comenzó ya con un ambiente muy cálido. Durante los primeros días de junio, las máximas oscilaron generalmente entre los 34 y los 37 grados, cuando la media climática se sitúa en torno a los 31 o 32 grados. Esa diferencia se fue ampliando conforme avanzó el mes, con varios episodios de calor intenso que culminaron a finales de junio, cuando el mercurio rozó los 41 grados.
Lejos de suavizarse con la llegada de julio, el calor se intensificó. La primera semana del mes dejó algunos de los registros más elevados del verano, con temperaturas que alcanzaron entre 42 y 43 grados en el aeropuerto cordobés. En esos días, la distancia respecto a la temperatura media fue de entre cinco y seis grados, una anomalía muy significativa para una ciudad acostumbrada a convivir con el calor estival.
El gráfico elaborado por la Aemet también muestra que, aunque durante julio se produjeron algunos descensos puntuales de las temperaturas, estos fueron breves y no cambiaron la tendencia general. Tras cada alivio temporal, el calor regresó con fuerza y las máximas volvieron a situarse claramente por encima de los valores normales. De hecho, a finales de julio y en los primeros días de agosto se observa un nuevo episodio muy cálido, con máximas de nuevo por encima de los 40 grados.
Las noches tampoco han dado demasiado respiro, sin llegar a ser extremas. Las temperaturas mínimas comenzaron junio alrededor de los 14 o 15 grados, cifras habituales para esas fechas, pero fueron aumentando progresivamente hasta situarse de forma habitual entre los 18 y los 21 grados durante buena parte de julio. Incluso se registraron varias noches con mínimas próximas a los 22 grados, lo que dificulta el descanso y prolonga la sensación de calor durante las 24 horas del día.
Aunque las mínimas también han estado generalmente por encima de la media climática, la desviación ha sido menos acusada que en las máximas. En la mayoría de las jornadas, las noches fueron entre uno y tres grados más cálidas de lo normal, mientras que durante el día las anomalías alcanzaron con frecuencia los cuatro o cinco grados y, en algunos momentos concretos, hasta seis.
El análisis evidencia además la evolución típica del verano cordobés, con un incremento progresivo de las temperaturas desde comienzos de junio hasta alcanzar el periodo más cálido entre finales de ese mes y la primera mitad de julio. Sin embargo, este año ese patrón se ha desarrollado sobre una base térmica superior a la habitual, lo que ha provocado que prácticamente toda la curva de temperaturas observadas discurra por encima de la media climática.
La comparación con la serie 1991-2020 confirma así que el verano de 2026 está siendo, al menos hasta comienzos de agosto, claramente más cálido de lo normal en Córdoba. El comportamiento de las temperaturas máximas es el que mejor refleja esa anomalía, aunque las mínimas también muestran un ambiente nocturno más cálido de lo que cabría esperar.
A la espera de cómo evolucione el mes de agosto, los datos de la Aemet apuntan a que Córdoba está viviendo un verano en el que el calor no solo está siendo intenso, algo habitual en la provincia, sino también persistentemente superior a los registros medios de las últimas tres décadas. Una diferencia que explica por qué la sensación de estar atravesando un verano especialmente sofocante no responde únicamente a una percepción, sino también a los datos meteorológicos.
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