Una epidemia, la responsable de que muchos cordobeses se llamen Rafael y Rafaela

Imagen de San Rafael, en la Basílica del Juramento

Sara Lacalle


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Por todos es conocida la fuerte vinculación del nombre Rafael a la provincia de Córdoba. Sin embargo, Rafael ya no es el nombre más utilizado por los padres y las madres de Córdoba. Según datos recabados por el instituto Nacional de Estadística (INE) en su último informe de estadística del Padrón Municipal de 2020, Antonio es el nombre favorito para niños. De igual forma ocurre con los nombres en femenino: María Carmen es el nombre más elegido en Córdoba para niñas. 

El nombre es la principal seña de identidad que otorga el poder de reconocimiento ante los demás. Normalmente, los nombres son elegidos por los progenitores en función de la sonoridad, aunque también pueden estar inspirados en el nombre de un familiar — el 11,5% de los recién nacidos heredan el nombre de sus progenitores—, de una celebridad admirada o un nombre con significado especial.

En el caso de Córdoba, Rafael ocupa el segundo puesto entre los 50 nombres más utilizados en la ciudad hasta 2020. No obstante, su versión en femenino ocupa la decimocuarta posición. Estos datos indican que en la actualidad existen en torno a 21.000 personas llamadas Rafael y 5000 Rafaela en la ciudad — 56 Rafaeles por cada 1000 habitantes y 13 Rafaelas por cada 1000 habitantes—.

Para conocer el autentico motivo de la admiración que presentan los cordobeses hacia el nombre Rafael hay retroceder siglos atrás en el tiempo. El siglo XVI transcurrió en España con la presencia casi permanente de resquicios de la epidemia de peste negra que llegó a Europa dos siglos antes. Las ciudades del Guadalquivir, Sevilla y Córdoba, se vieron especialmente asoladas por la epidemia a partir de 1520 debido al tráfico de viajeros a través del puerto.

Si bien, en el siglo XVII se esperaba que el clima cálido y la humedad propia del río siguieran favorecieron el aumento de los contagios como había ocurrido hasta el momento, este hecho no aconteció. Por el contrario, a partir de 1603 las muertes disminuyeron significativamente, llegando casi a erradicarse la epidemia.

Algunos años más tarde es sabido por los habitantes de Córdoba que el Arcángel San Rafael se apareció al Padre Roelas en cuatro ocasiones para revelarle que salvaría la ciudad. La quinta y última vez que se le apareció le dijo al sacerdote que Dios lo había designado como guarda de la ciudad. Así lo recoge Ramírez de Arellano en su obra Paseos por Cordoba. A partir de ese momento se estableció un oratorio en la casa donde el Padre Roelas había vivido y se inició la construcción de un templo que, tras varias modificaciones, se finalizó en 1806. 

A raíz de este acontecimiento, los cordobeses comenzaron a mostrar su devoción por el arcángel. La población recurrió a él en busca de ayuda para paliar diversas adversidades como plagas, hambrunas, sequías o seísmos —especialmente el terremoto de Lisboa de 1755—. Según es datado, la ciudad consiguió superar las catástrofes. Por ello, en forma de fervor y agradecimiento, muchos habitantes decidieorn nombrar a sus hijos con el nombre de pila del Arcángel San Rafael.

A pesar de la devoción profesada al Custodio de la ciudad, el número de hombres y mujeres con su nombre ha descendido. De hecho, desde 1930 que el INE comienza a contabilizar los nombres más frecuentes, solo desde la década de 1970 a 1990 Rafael ha ocupado el primer puesto. En el caso de Rafaela, en los años anteriores a 1930 alcanzó su posición más alta, quedando en el décimo lugar.

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