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La contradicción del mercado del aceite: casi toda la producción vendida y precios a la baja

Un trabajador, en una almazara

Alfonso Alba

Córdoba —
16 de agosto de 2026 19:58 h

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A muchos olivareros no les salen las cuentas. Atendiendo a la máxima de la ley de la oferta y la demanda, en un año como el actual, con casi toda la producción aceitera vendida, los precios que se pagan en origen deberían estar subiendo y no al contrario. El propio Ministerio de Agricultura, en su avance a fecha de 31 de julio, reconoce que gran parte de la cosecha de aceite de oliva de este año está ya vendida. Sin embargo, los precios apenas se han movido y están en unos niveles, en origen, que hacen que estén incluso por debajo de la rentabilidad para gran parte de los olivareros tradicionales, tal y como denunció en un extenso estudio la Asociación Española de Municipios del Olivo (AEMO).

Ante esta aparente contradicción del mercado han puesto ya la voz de alarma numerosas organizaciones agrarias, que acusan directamente a las grandes comercializadoras de mantener los precios en origen artificialmente bajos con una artimaña: la importación, cada vez mayor, de aceite de oliva procedente de Túnez, donde hay excedentes y donde el coste de producción es mucho menor. Estas organizaciones aseguran que esa anomalía de mercado apenas se nota después en los supermercados, donde el precio que el consumidor paga apenas ha variado.

Los datos oficiales permiten poner cifras a la primera parte de esta contradicción. El avance del Sistema de Información de los Mercados Oleícolas (SIMO), elaborado por el Ministerio de Agricultura a partir de las declaraciones obligatorias del sector, recoge una producción acumulada en la campaña 2025/26 de 1.300.799,64 toneladas a 31 de julio. Las salidas acumuladas alcanzan 1.167.743,32 toneladas. Es decir, las salidas equivalen aproximadamente al 90% de toda la producción registrada durante la campaña. Solo en julio salieron de almazaras, envasadores y operadores 95.266 toneladas.

El dato tiene una segunda lectura todavía más significativa. Las existencias finales en las almazaras se situaron en 329.940,82 toneladas, frente a las 418.582,72 toneladas del mes anterior. En un solo mes, por tanto, el stock registrado en las almazaras se redujo en 88.642 toneladas. No parece, al menos a la vista de estos datos, un mercado en el que el aceite español se esté acumulando sin salida. Al contrario: durante la campaña se ha producido un fuerte ritmo de comercialización y las existencias han experimentado una reducción muy importante durante el último mes.

Hay que hacer una precisión para no interpretar de manera incorrecta las cifras. Los 1,16 millones de toneladas de salidas acumuladas no significan literalmente que exactamente esa cantidad de la producción de esta campaña haya sido vendida, porque las salidas y las existencias incorporan movimientos y existencias procedentes del inicio de campaña. Pero sí permiten afirmar que la comercialización ha absorbido una parte muy elevada del volumen producido y que el ritmo de salidas continúa siendo considerable. Y, pese a ello, el precio no responde al comportamiento que cabría esperar si la disponibilidad de aceite español fuera el único factor determinante.

Con esas existencias, apenas quedaría aceite de oliva en las almazaras españolas para cuatro meses y medio. Es decir, los almacenes llegarían al enlace de campaña prácticamente vacíos (ya que la cosecha arranca en otoño). En años anteriores y con esos datos, los precios en origen subían de manera más que notable.

El precio sigue lejos del coste de producir

Las cotizaciones recogidas por Oleista permiten comprobar cuál es el nivel al que se está negociando el aceite en origen. En la semana 30 del año, con datos actualizados a finales de julio, la referencia española se situaba en 3,76 euros por kilo para el aceite de oliva virgen extra, 3,13 euros para el virgen y 3,01 euros para el lampante. En Andalucía, las referencias eran muy similares: 3,74 euros para el virgen extra, 3,15 para el virgen y 3,02 para el lampante.

En Córdoba, una de las principales zonas productoras españolas, Oleista situaba a finales de julio el virgen extra en 3,68 euros por kilo, el virgen en 3,40 euros y el lampante en 2,94 euros. En Jaén, otra de las grandes zonas productoras, las referencias eran de 3,97 euros para el virgen extra, 3,15 para el virgen y 3,02 para el lampante. Son precios que, especialmente en las categorías inferiores y en buena parte de las operaciones de virgen extra, quedan muy lejos de los costes calculados para determinados modelos de olivar.

El estudio actualizado por AEMO en julio de 2026 calcula que los costes medios de producción han aumentado alrededor de un 57% en los últimos seis años. El olivar tradicional no mecanizable de secano presenta un coste de 5,31 euros por kilo, mientras que el tradicional mecanizable se sitúa en 4,67 euros en secano y 4,18 euros en regadío. Incluso los sistemas intensivos presentan costes de 3,52 euros en secano y 3,20 euros en regadío, mientras que el superintensivo o en seto alcanza 3,17 euros en secano y 3,08 en regadío.

La conclusión de AEMO es especialmente preocupante para el modelo tradicional: el precio que hace unos quince años podía considerarse bueno, alrededor de tres euros por kilo, ya no sirve para cubrir los costes actuales. El estudio considera que una parte muy importante del olivar necesita precios próximos a los cinco euros para garantizar su rentabilidad. La consecuencia es que el mismo precio que para un comprador puede parecer una oportunidad de mercado puede convertirse para un agricultor tradicional en una venta a pérdidas.

La paradoja se produce mientras aumenta la entrada de aceite tunecino

Es en este punto donde las organizaciones agrarias sitúan la pieza que, a su juicio, falta para entender el comportamiento del mercado. COAG que en la pasada campaña ya entraron oficialmente en España más de 80.000 toneladas de aceite de oliva tunecino y que apenas 14.500 toneladas lo hicieron por los cauces habituales. Según su denuncia, unas 65.500 toneladas, el 81% del total, entraron mediante un régimen aduanero pensado para mercancías destinadas a transformación y posterior reexportación. La organización sostiene que una parte de ese aceite puede terminar compitiendo indirectamente con el producto español.

COAG pone además el foco en una segunda vía: la entrada de aceite tunecino en otros países europeos antes de su llegada a España. La organización menciona expresamente el caso de Portugal y señala que las importaciones portuguesas de aceite tunecino pasaron de 962 toneladas en 2023 a 3.406 en 2024, mientras Portugal reexportó hacia España 131.877 toneladas de aceite ese último año. La organización considera que estas operaciones dificultan conocer con claridad el origen real del producto que termina en el mercado.

OliveA Tradición y Progreso coincide en señalar el incremento de las importaciones tunecinas, aunque aporta cifras diferentes y una interpretación más centrada en el efecto que tienen sobre la formación del precio. La organización afirma, a partir de datos de Aduanas y AICA, que las importaciones procedentes de Túnez han aumentado un 85% desde 2016, hasta alcanzar una media anual de 123.000 toneladas. Según OliveA, España se ha convertido en el principal destino europeo del aceite tunecino.

La asociación señala además que en 2025 el 61% del aceite importado de Túnez, unas 95.000 toneladas según sus datos, entró mediante el régimen de perfeccionamiento activo, que permite la importación sin aranceles cuando el producto es posteriormente reexportado. Para el primer cuatrimestre de 2026, OliveA sitúa en el 96% la proporción de aceite tunecino autorizado mediante este sistema.

El régimen de perfeccionamiento activo es legal. La propia OliveA reconoce expresamente que se trata de un mecanismo sometido a control aduanero. Lo que cuestiona la asociación no es su existencia, sino su utilización creciente y, especialmente, que haya dejado de ser una herramienta excepcional vinculada a necesidades concretas para convertirse, a su juicio, en una vía estructural de abastecimiento que altera el mercado.

“Cada tonelada que entra es una tonelada que deja de comprarse aquí”

OliveA sostiene que los grandes operadores pueden recurrir al aceite tunecino, más barato, para cubrir parte de sus necesidades de comercialización y reexportación, reduciendo así la presión compradora sobre el aceite español.

La organización relaciona esta estrategia con otro dato que considera significativo: a cierre de junio de 2026 España ya había importado 202.000 toneladas de aceite de oliva, el 92% del volumen que, según su referencia, estaba previsto para toda la campaña, 220.000 toneladas. Ese volumen sería un 20% superior a la media de las cinco campañas anteriores y un 15% mayor que el registrado en la campaña precedente. OliveA sostiene que el aumento de las importaciones coincide con un descenso de las salidas desde las almazaras durante los dos últimos meses y que esta circunstancia contribuye a generar presión comercial sobre el productor español.

Es aquí donde aparece la contradicción que está provocando la alarma en el sector. Por un lado, el aceite español se vende. Por otro, España importa cantidades crecientes de aceite de otros países. Y, simultáneamente, el precio que recibe el agricultor permanece en niveles que no cubren los costes de una parte muy importante del olivar tradicional.

OliveA sostiene que buena parte del aceite almacenado continúa precisamente en las provincias donde se concentra el olivar tradicional. Según sus datos, Jaén tendría unas 160.000 toneladas, Córdoba unas 102.000, Sevilla 48.000 y Granada 22.500. En conjunto, estas cuatro provincias reunirían alrededor del 80% de las existencias nacionales.

Los datos del MAPA confirman, en cualquier caso, el enorme peso de Andalucía en la estructura productiva española. A 31 de julio, las almazaras andaluzas acumulaban 974.505 toneladas de producción durante la campaña, de las que 388.951 correspondían a Jaén y 246.735 a Córdoba. Las existencias finales en Andalucía ascendían a 262.248 toneladas.

El problema es que disponer de una parte importante del aceite no garantiza automáticamente capacidad para imponer un precio. Si los compradores cuentan con otras fuentes de suministro, la posición negociadora del productor puede debilitarse aunque el aceite nacional siga siendo necesario.

Esta es precisamente la tesis que las organizaciones agrarias quieren colocar en el debate: la existencia de aceite importado puede cambiar la relación de fuerzas en el mercado español, porque reduce la urgencia de algunos compradores para acudir a las almazaras españolas.

Y mientras tanto, el consumidor no ve una caída equivalente

La otra gran paradoja se encuentra al final de la cadena. Si la cotización en origen se sitúa alrededor de los 3,7 euros por kilo para el AOVE, cabría esperar que una reducción importante del coste de la materia prima terminase trasladándose con rapidez al consumidor. Sin embargo, los datos de Oleista para el 28 de julio mostraban precios de marca blanca de AOVE de aproximadamente 4,80-4,95 euros por litro en formato de un litro en varias grandes cadenas. Para el formato de tres litros, las referencias estaban entre 13,85 y 14,25 euros, mientras que en cinco litros aparecían referencias de 21,37 a 24,47 euros, dependiendo de la cadena y del formato.

No se puede comparar directamente un precio en origen expresado en euros por kilo con el precio final por litro: entre ambos existen costes de molturación, almacenamiento, transporte, envasado, distribución, márgenes e impuestos, además de diferencias de calidad y formato. Pero sí aparece una cuestión que preocupa al sector productor: la caída o estancamiento de la cotización en origen no se traslada de forma automática ni proporcional al precio que paga el consumidor. El agricultor, por tanto, puede estar soportando buena parte del ajuste sin que el consumidor final perciba una rebaja equivalente.

Un mercado que las organizaciones consideran “distorsionado”

OliveA afirma directamente que la evolución de las cotizaciones “no responde a la lógica del mercado”, sino a estrategias comerciales de grandes operadores. Es una acusación de enorme calado que la organización vincula al aumento de las importaciones tunecinas y a la sustitución de compras al olivar español.

COAG, por su parte, considera que la combinación de precios en origen por debajo de la rentabilidad, entrada de aceite extracomunitario y problemas de trazabilidad reúne condiciones suficientes para reclamar a la Comisión Europea la activación de mecanismos de salvaguardia. La organización ha pedido al Ministerio de Agricultura que se oponga a una eventual ampliación del contingente preferencial tunecino, que solicite la activación de las cláusulas de salvaguardia y que refuerce los controles aduaneros y de trazabilidad.

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