“Tu viticultor no te olvida”: La Condená, el último vino de una viña arrancada por la crisis de la agricultura

Juan Antonio, el último viticultor de su estirpe.

Juan Antonio Espejo aprendió el oficio de viticultor de su padre, de su tío y de su abuelo. Forma parte de una generación de viticultores montillanos que se pierde en la historia de una de las denominaciones de origen más importantes de España. Pero Juan Antonio ya se ha jubilado y no tiene fuerza ni tiempo ni dinero para seguir cultivando sus cepas que durante 50 veranos y otoños le han dado grandes alegrías en forma de uvas. La falta de relevo generacional y de rentabilidad en el cultivo le ha llevado a abandonar.

En Montilla, un grupo de emprendedores vitivinícolas que se autodenominan Los Insensatos de la Antehojuela, han decidido convertir el fruto de las últimas uvas producidas en la viña de Juan Antonio en un histórico vino al que han llamado La Condená. El objetivo: alzar la voz ante lo que está ocurriendo en Montilla Moriles, donde en 40 años se han perdido el 78% de sus viñas. La mayor parte de ellas se han reconvertido en otro cultivo mucho más rentable en la actualidad, el olivar.

De hecho, en Montilla, se la llama la condená a la viña que comparte la tierra con olivos recién plantados. Es una especie de transición del agricultor, en la que firma la sentencia de muerte para sus cepas. Cuando le estorben a los olivos, para su normal crecimiento fenológico, serán arrancadas para siempre. “Tu viticultor no te olvida”, recordaba una corona de flores durante la presentación de La Condená. El vino se ha obtenido de la parcela Casilla de la Estrella de Juan Antonio, jardinero del viñedo, que ha estado cuidando sus cepas cosecha tras cosecha durante más de 50 años.

Con el fin de reivindicar esta situación y de concienciar sobre la pérdida patrimonial del viñedo, Los Insensatos han presentado esta tirada exclusiva de 2.000 unidades, que nunca más se podrá repetir. Coronas, crespones, mensajes impactantes y un altar creado a base de cepas secas han enmarcado el acto en el que han intervenido miembros del grupo, autoridades del consejo regulador Montilla-Moriles y del Ayuntamiento de Montilla y el protagonista de la jornada: Juan Antonio. 

En palabras de Manuel Jiménez, miembro Insensato, “mientras que en nuestro país el vino se hace desde la bodega, nosotros queremos hacerlo desde la tierra, dando el mayor protagonismo al viticultor y a la uva”. 

Un marco milenario en peligro de extinción

En la campiña de Córdoba se cultiva la vid desde hace milenios. En las excavaciones en el castillo del Gran Capitán de Montilla se hallaron pepitas de uva datadas en el siglo IX antes de Cristo. Tras la dominación romana, el cultivo de vid se extendió y se mantuvo incluso durante Al Andalus, a pesar de que el Corán prohíbe el consumo de vino. En la zona convivían judíos y cristianos, y el islam andalusí siempre fue mucho más relajado y permisivo (uno de los motivos de las invasiones desde el norte de África). Ya en el Siglo de Oro, el marco cordobés vive una etapa de esplendor, con la creación del Pedro Ximénez. Pero desde hace años, el vino cordobés está en peligro de extinción por la amenaza del cambio climático y también de una crisis de precios.

Este año, probablemente, en Montilla-Moriles se cultiven menos de 4.500 hectáreas de viña. Es la superficie más baja desde que hay registros. Los viticultores, progresivamente, están abandonando un cultivo que requiere mucho esfuerzo y que cada vez compensa menos. Solo en esta campaña, los costes de convertir una viña en espaldera se han duplicado. Los gastos de energía, como el gasóleo, también se han incrementado de manera notable. Y el precio que perciben los viticultores es el mismo que el de campañas anteriores, cuando cada vez se cultiva menos y los rendimientos de producción también bajan.

El propio Juan Antonio detallaba que hace 35 años cobraba por la uva cuando la entregaba más que ahora. “60 pesetas” el kilo, evocaba, como los viejos agricultores que siguen calculando sus negocios en la antigua moneda española.

La pérdida patrimonial de viñedo y de biodiversidad es una realidad que viene provocando que la producción de uva en la comarca sea inferior año tras año. Como afirman Los Insensatos, “hacemos esto porque nos gustaría no tener que hacerlo, aunque por desgracia sigue habiendo muchas parcelas que están condenadas y tendremos que seguir reivindicando esta situación. Apostamos por un futuro en el que las escasas 4.400 hectáreas de viñedo que existen en la actualidad se mantengan y vayan creciendo a lo largo del tiempo”.

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