El pago con efectivo se desploma mientras los pagos con tarjetas no paran de crecer

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Pagar en efectivo está en camino de convertirse en una práctica obsoleta. Cada vez son más los que optan por el pago con tarjeta o de manera digital, especialmente desde la introducción del pago con móvil. La tecnología lleva años facilitando realizar pagos mediante esta técnica, por lo que el uso del dinero en efectivo lleva cayendo en picado desde hace casi un lustro: 2016 marcó un antes y un después, pues fue el primer año en el que las transacciones realizadas con tarjeta superaron a las retiradas de dinero en efectivo.

El que las tarjetas estén en auge no es ningún misterio, ya que actualmente vivimos en un mundo cuanto menos digitalizado. Según los datos que obtenemos de 2019, entre julio y septiembre las operaciones en efectivo bajaron un 4,13%, en tanto que las operaciones con tarjeta subieron un 16,8%, lo que demuestra que el dinero electrónico va ganando terreno a pasos agigantados. Con esto en mente, es de esperar que el importe realizado en efectivo y el realizado con tarjeta supongan una brecha importante: a lo largo de 2019, la cuantía con tarjeta alcanzaba los 118.500 millones de euros, mientras el efectivo se quedaba muy por detrás: 93.00 millones, y bajando.

La diferencia entre las operaciones con tarjeta y las operaciones en efectivo es de 3,19 millones, lo que supone un récord histórico.

Uno de los factores que son, a la vez, causa y efecto en este aumento de la tarjeta en detrimento del efectivo es el cierre de numerosos cajeros, ante la poca demanda, y el incremento de altas en terminales punto de venta (TPV). Según señalan los responsables del programa GLOP para TPV en comercios y tiendas, se estima que en el año 2008 se cerraron más de 10.500 cajeros, en contraposición a las más de 370.000 altas de TPV que se dieron ese mismo año.

Mientras los cajeros para retiradas de efectivo no dejan de menguar, los TPV crecen a un ritmo acelerado. A finales de septiembre de 2019, la red de terminales punto de venta habría pasado de 1,55 a 1,93 millones, aumento originado por diversos factores: en primer lugar, las tasas que las entidades financieras cobran a los negocios por utilizar estos dispositivos se han rebajado de manera continuada. Más de uno está familiarizado con el importe mínimo para pagar con tarjeta (“a partir de seis euros”), pero esta realidad se está transformando debido precisamente a esta rebaja. En 2002, las entidades financieras cobraban una media del 1,59% por cada transacción realizada con TPV, lo que se redujo a un 0,88% en 2008 y que actualmente ronda el 0,45%.

Si bien es cierto que esta rebaja va en función del tipo de establecimiento, la reducción de costes ha sido tal que en muchos rincones de España se han empezado a pagar importes muy bajos con tarjeta, incluyendo compras de apenas céntimos. La comodidad del plástico para este tipo de transacciones crea una independencia cada vez más asentada del dinero en efectivo, lo que no hace más que reducir su uso en pro de las tarjetas.

Las tarjetas de débito son las más utilizadas, habiendo 47 millones activas. Las de crédito ascienden a 36,6 millones.

En segundo lugar, la cada vez mayor presencia del crédito a la hora de realizar pagos mayores, que viene ocasionados por aspectos tales como la precariedad de los sueldos o la ley respecto a las hipotecas, según la cual no se puede financiar más del 80% de ésta. Las tarjetas de crédito se han convertido en una de las mejores aliadas para las entidades bancarias, ya que permiten a los particulares realizar pagos demorando parte de éstos, creando (y alargando) así una deuda.

Pagar bienes con un importe elevado de forma instantánea, pero utilizando el capital del que se dispondrá en el futuro, se ha convertido en una práctica muy utilizada por los usuarios, y si bien normalmente se emplea este sistema para compras superiores como vehículos o viviendas, compras que por norma general no pueden realizarse en efectivo, actualmente se ha empezado a popularizar el emplearlo también para compras inferiores o más cotidianas, como puede ser la compra del supermercado.

El 59% de los consumidores prefieren los establecimientos que aceptan pagos con tarjeta.

Aun con todo, las tarjetas de débito siguen siendo las que mayor presencia tienen, alcanzando los 47 millones solo en España. Se trata de una técnica de pago rápida, fácil y cómoda a la que se incorporan mejoras continuas, tales como la tecnología contactless o el uso del smartphone. La presencia de los TPV en todos los comercios actuales también incentiva este método de pago, convirtiendo el dinero en efectivo en un intermediario arcaico. Según estudios, el no ofrecer la posibilidad de pago con tarjeta podría provocar la pérdida de oportunidades de negocio para el empresario, ya que el 59% de los consumidores prefieren este sistema de pago. Asimismo, el 79% de los usuarios confiesan que poder pagar siempre con tarjeta sería lo ideal.

Sea como fuere, resulta indiscutible que el uso de tarjetas está desbancando por goleada al uso de dinero en efectivo, con un crecimiento constante en los últimos cinco años, aunque este avance no tiene por qué suponer la extinción del dinero físico, al menos de momento.

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