Un nombre y una vida en busca de un nuevo hogar

Nuria Martín, presidenta de La Guarida, con varios perros.
La Guarida, una asociación sin sede fija, rescata de la muerte a perros abandonados | Nuria Martín, su presidenta, asegura que su labor “es un no parar” | Reclaman una instalación en Puente Genil

Baco, Chuso, León, Pipo, Kira, Duna, Rambo, Vida, Rejita, Pepa, Fedra... Lo primero es ponerles nombre. Sacarles de su condición de “cosas”, de objetos que usar y tirar por parte de unos desalmados. Y, obviamente, salvarles la vida. “Esto es un no parar. No damos abasto y en estas fechas, aún más”, asegura Nuria Martín, presidenta de La Guarida, una asociación protectora de animales cuya sede -es un decir- está en Puente Genil. En los últimos días se convirtieron en noticia en varias cadenas de televisión nacionales. La historia de Pillo, un perro apaleado y abandonado en un contenedor el día de Nochebuena, conmovió a toda España. Nuria lo conoce bien. Ellos lo encontraron y le salvaron la vida. Tras pasar la noche agonizando, el animal volvió a nacer el día de Navidad. Ya puede comer. Ya tiene un destino. Un cuento feliz en estas fechas, pero no es un caso aislado.

Lamentablemente, no todos tienen la suerte de Pillo. Hay perros que mueren de hambre, de frío o terminan atropellados en una cuneta. “Estamos todo el día atendiendo casos y eso nos lleva una dedicación total. Y cuesta dinero”, dice la presidenta. Y ahí está la clave. A través del voluntariado, con donaciones particulares -muchas de ellas anónimas- y un puñado de benefactores que ofrecen sus casas, La Guarida no puede resistir mucho más. “No tenemos ningún tipo de subvención municipal. En Puente Genil, el Ayuntamiento no nos quiere”, dice Nuria Martín, quien lamenta no haber podido llegar a un acuerdo con el consistorio pontano para tener una sede en un pueblo “del que nos llegan la mayor parte de los animales recogidos”.

La protectora de animales La Guarida pasa, según Martín, por una situación crítica. La presidenta asegura que desde el Ayuntamiento les prometieron una solución para tener un recinto en el pueblo, pero “en lugar del convenioque esperábamos, se realizó un concurso por el cual la subvención finalmente llegó a parar meses después a la perrera municipal de Montilla, alegando, a última hora, que no disponíamos de toda la documentación necesaria”, relata. La Guarida se abastece económicamente con la realización de mercadillos y buscando adopciones de los animales que recoge, siempre con la presión del tiempo y la capacidad de unas instalaciones provisionales “que no dan para más”. Han recogido firmas de apoyo y siguen en su lucha. Han pasado por Guadalcázar, por una nave en Lucena... Tienen que trasladar a los animales y el trabajo es agotador. “Hay veces que ya no podemos más, pero ¿qué vamos a hacer? ¿Los dejamos que se mueran?”, dice Nuria Martín.

Las redes sociales son su campo de acción básico. A través de su página de Facebook dan a conocer los nuevos casos. Colocan fotos y la historia de los animales que recogen, dan la buena nueva de las adopciones y también informan, sin esconder nada, del negro destino de algunos perros que no sobreviven. La labor de La Guarida es múltiple: salvar vidas, buscar adopciones, concienciar a la gente de la importancia de cuidar a los animales... Y encontrar un hogar. “Sólo queremos un sitio donde hacer nuestra labor, que es necesaria”, dice Nuria. De fondo se oyen ladridos.

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