Muere el último superviviente cordobés de Mauthausen

Alfonso Cañete, natural de Montalbán y donde tiene un monolito en recuerdo a su historia, ha muerto a los 93 años en su casa de las afueras de Paris

Ha muerto en su casa de las afueras de Paris a los 93 años, Alfonso Cañete, nacido en Montalbán y último superviviente andaluz al campo de exterminio nazi de Mauthausen. Cañete, enfermo y muy débil a sus 93 años, murió el miércoles en su casa de Paris tras una larga enfermedad. Será enterrado el próximo martes, según informa quien era su mejor amigo en su pueblo natal, Alfonso Vaquero, que recuerda que Cañete era "todo un símbolo, una referencia y hasta un ídolo" por su resistencia para muchos de sus vecinos. Alfonso Cañete visitó Montalbán por última vez el pasado 15 de septiembre, para asistir a la boda de un sobrino. Un mes después, ha muerto en París, la capital francesa que lo acogió en el exilio durante más de 40 años.

Cuando la 11ª División del Ejército Americano liberó Mauthausen, Alfonso Cañete Jiménez estaba a punto de cumplir los 25 años y no tenía nombre. Sólo respondía al alemán Rotspanier 3.872, que significa "rojo español". Desde la muerte de Francisco Ortiz en Perpiñán el pasado mes de julio, era el único superviviente andaluz a este campo de exterminio. Era el más viejo, pero no él único andaluz que estuvo allí. Según el libro Andaluces en Mauthausen, un trabajo de investigación realizado por un antropólogo, una historiadora y un fotógrafo, Sandra Checa, Angel del Río y Ricardo Martín, en este campo de concentración nazi estuvieron 1.500 andaluces de los que tan sólo sobrevivió un tercio. El resto pereció o fusilado o agotado por los trabajos forzados a los que se les obligaba.

Alfonso Cañete luchó durante tres años en la Guerra Civil, se exilió a Francia, vivió un año en dos campos de refugiados, trabajó en la construcción de las inservibles fortificaciones de la línea Maginot de Francia, fue capturado por la Wehrmacht cuando Hitler dominaba Europa y fue enviado al campo de concertación y extermino de Mauthausen, donde "reinaba la muerte en sus más variadas formas", según recordó en una entrevista en el año 2008, poco antes de que su pueblo, Montalbán, le levantara un monolito dedicado a su memoria.

Según recordaba en esa entrevista, Alfonso Cañete vio a mucha gente morir. La mayoría compañeros en combate durante la guerra o en situaciones más dolorosas en Mauthasen, donde agonizaban más de 9.000 españoles, unos 300 cordobeses. "Fuimos torturados, obligados a trabajos forzados en la cantera del campo. Gaseaban a los que ya no eran útiles para el trabajo, muchos morían en la célebre escalera de los 186 peldaños. Otros, ya desesperados, se colgaban de las alambradas electrificadas o saltaban al vacío y morían despeñados", detallaba.

Pero Alfonso decidió sobrevivir. Y lo consiguió. Fue liberado por los americanos, a los que los 2.200 españoles que quedaban vivos -ya habían perecido 7.000, entre ellos José Araque Jiménez, también montalbeño- reciben con una pancarta. Los creen liberadores y ahora todos los republicanos españoles quieren volver a la lucha, a expulsar a Franco de España. Pero pasa el tiempo. Alfonso Cañete se instala en París y poco a poco se va dando cuenta de que volver a su pueblo se hace difícil. Es el exilio. Pero no es hasta 1981 cuando vuelve a pasear por Montalbán, a volver a ver su feria y hablar con sus antiguos camaradas que lo siguen recordando como Alfonso El Cervino.

En 2005, sus paisanos se sorprenden al ver una foto en portada de todos los periódicos de tirada nacional: Zapatero hace una ofrenda floral en Mauthausen. Junto a él, en una esquina y con gorra está Alfonso, que sí que sabe lo que pasó allí.

Además del monolito de Montalbán, Alfonso Cañete tenía otra piedra. Se la trajo de Mauthausen. Se ha muerto sin decir porqué.

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18 de octubre de 2013 - 08:30 h
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