Francisco Belmonte, costalero de la Paz: “El sueño continúa en Capuchinos”

Nuestra Señora de la Paz y Esperanza | TONI BLANCO

Este domingo es distinto en torno a la iglesia conventual del Santo Ángel. Todavía el templo de Capuchinos resguarda como siempre a Nuestra Señora de la Paz y Esperanza, igual que otros titulares. Pero lo hace durante esta jornada con el aire triste que le alcanza de quienes son devotos de la imagen de Juan Martínez Cerrillo. La razón es la falta del acto que tanto esperaran los integrantes de la hermandad a la que da nombre. No es otro que la coronación canónica de la conocida popularmente Paloma de Capuchinos. Una celebración que ha de esperar por la crisis sanitaria de Covid-19, que tiempo atrás obligara a su aplazamiento. Precisamente por tal motivo el que es uno de los costaleros de la Virgen, Francisco Belmonte Tapi, desea compartir sus emociones con EL CIRINEO a través de un texto titulado El sueño continúa en Capuchinos y que a continuación se publica de manera íntegra.

Recordaremos siempre este día. Hoy deberíamos estar cumpliendo ese anhelo de innumerables generaciones de pretendientes de ese destello blanco de fe capuchina, que habita en el convento del Santo Ángel.

Y es que en el templo mayor de la ciudad califal debería estar esperándonos, "como una novia radiante, crepuscular, envuelta en encajes blancos y plata, en el día más importante de su vida, rodeada de los suyos  y de sus niños de abajo", para dar testimonio devocional y de fe ante un pueblo. El que pone a sus plantas sus calles, sus balcones, sus esquinas, sus flores, las mismas que irían  abriéndose para no perderse pasar a ese altar de plata y nácar coronado, catequesis en movimiento para que todos sus legionarios de luz y devoción, esa escolta indiscutible del Galeón de plata que ese día no lucirán túnica, ni cubre rostro ni capa ni cirio, estarán más cerca de ella que nunca y podrán dar testimonio vivo y disfrutar de ese amor incondicional que tienen hacia una Reina que llena de Paz a todo el que se acerca a ella , esa que le iluminan de rezos, suspiros, lágrimas y peticiones a diario en un azulejo al entrar a Capuchinos.

Una divina gracia derramada que hace que quede poco para tener la Esperanza más cerca que nunca de vuelta, y es que ese bicho enmascarado de besos, abrazos y falsos afectos intentó arrebatarla por un tiempo de nuestro lado. Podrá alargar la espera, pero solo eso alarga, porque muchos hoy se paran los relojes y esperamos con entusiasmo el anuncio de una nueva fecha para tan esplendorosa efeméride de nuestra hermandad.

Esperemos que pronto podamos disfrutar de esa amalgama de sensaciones, recuerdos en las retinas y vivencias, en la que se mezclarán a un mismo compás pantalones rojos y blancos, savia nueva y la antigua solera, lo divino, lo celestial y lo humano. Pronto llegará ese día para el recuerdo donde Córdoba será bendecida al paso de una reina, pero eso sí, esta vez será llena de Paz y Esperanza Coronada.

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11 de octubre de 2020 - 17:07 h
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