Familias que no escolarizarán a sus hijos: “Le tengo más miedo al contagio que a un expediente”

Mari Ángeles con sus dos hijos, que no irán al colegio en septiembre | MADERO CUBERO

Las protagonistas de este reportaje son solo dos personas que, tras tomar una decisión difícil y que afecta a ellas y a sus hijos, han dado un paso al frente para ponerle voz a las dudas que han comenzado a surgir en muchas otras familias ante la vuelta al colegio, para la que queda apenas un mes.

Una vuelta al cole que este año está siendo una fuente de miedos entre algunos padres y docentes, que no están nada contentos -ni seguros- con la gestión que se está haciendo por parte de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía. Falta menos de un mes para que los más pequeños sean llamados al colegio. Unos días después lo harán los mayores. Pero en casa de Elena -nombre ficticio- y de Mari Ángeles, no sonará la campana: los niños no van a ir a clase con las actuales condiciones.

Los dos casos tienen muchos puntos en común: en ambas casas hay dos niños; en ambas casas conviven personas con enfermedades de riesgo; y, sobre todo, en ambas casas hay mucho más miedo al contagio que a un posible expediente por abandono escolar o una posible intervención de asuntos sociales.

Las diferencias también existen. El caso de Mari Ángeles puede parecer muy hiperbólico, aunque en realidad no lo es tanto. Ella es una administrativa en paro y padece de un tipo de asma bastante potente. Su hija mayor, que entra en sexto de primaria, es paciente de alto riesgo, puesto que ha heredado la enfermedad respiratoria de su progenitora y ya ha acabado ingresada en la UCI por ella.

En casa con una hija asmática y con su madre, de 78 años

Con ellas dos vive también la abuela, una mujer de 78 años; y el hijo más pequeño, de nueve años, totalmente sanote, y que, en broma, dice que es “alérgico a las personas sin mascarilla”. Esta anécdota la cuenta, con una mezcla de ternura y tristeza, su madre, que confiesa que vive toda esta situación con un punto de ansiedad, pues no ha recibido en estos momentos ni una sola pauta o seguridad de cómo va a ir al colegio su hija mayor.

“Yo cuando oigo hablar del grupo burbuja me tiemblan las piernas. Aquí estamos hablando de mandar a los niños a la guerra con una mascarilla y un hidrogel”, afirma Mari Ángeles, que remarca que en la clase de su hija hay apuntados 25 alumnos. “¿Qué van a hacer, ponerla al lado de la ventana. ¿En diciembre también?”, se cuestiona, esperando que los informes pediátricos le den un salvoconducto que permita que la nena pueda estudiar en casa, “en las mismas condiciones en las que ha estado los últimos cinco meses” -apostilla su madre-.

El caso de Elena es muy curioso. Ella y su marido son profesores. Ambos trabajan en centros distintos y ambos han decidido que ninguno de sus dos hijos va a pisar una escuela en septiembre si no se baja la ratio de alumnos por clase y se buscan medidas de seguridad que no pongan en riesgo la salud de la familia.

Dos profesores que no expondrán a sus hijos al mismo entorno que ellos están dispuestos a aceptar

Elena, que está a la espera de una operación tumoral, nos atiende desde su casa en la zona sur de la ciudad. Está confinada tras haberse hecho la prueba hace una semana. Su hija mayor, que entraría en primero de bachillerato en septiembre, ha estado dos semanas en aislamiento tras haberse hecho también la prueba. Ambas han dado negativo, pero viven aisladas estos días del padre, que padece de una enfermedad inmunodepresora, y de su otra hija, la pequeña, que entra en tercero de primaria en septiembre.

Los dos profesores han solicitado para este curso el trabajo no presencial, dada su condición, aunque no han obtenido respuesta por el momento. En cualquier caso, ambos han decidido que asumirán el riesgo si finalmente la administración les impone el trabajo presencial. No así sus hijas. Ninguna de ellas acudirá a clase en septiembre con las actuales condiciones.

“Inicialmente, teníamos claro que no íbamos a poner en riesgo la salud de nuestros hijos y de la familia porque sabíamos que, sin bajar la ratio, es imposible mantener unas condiciones seguras”, explica Elena, que añade que, por su experiencia -es profesora de música-, no se va a poder trabajar en un único aula y, con los cambios de clases, “el propio profesorado se va a convertir en un vehículo de transmisión”.

Como docente tiene claro que “lo del aula burbuja es una fantasía” de la Consejería de Educación, y lamenta que se hable de “corresponsabilidad”, cuando es la administración la que debería elaborar un protocolo Covid serio y basado “en escenarios reales”. Ante esta tesitura, ella y su pareja tienen tomada la determinación de que no van a llevar a sus hijos al colegio.

La Junta advierte de que el temor por la pandemia no justifica una ausencia continuada

En este ámbito, la Junta ya ha advertido de que “el temor por la pandemia no justifica una ausencia continuada”. En su protocolo, además, no cambia nada respecto al año anterior, ni se incluyen situaciones de riesgo como las que exponen estas familias, ni tampoco habla de los problemas de ansiedad que puede generar una situación nueva. Tampoco se ha abierto -explican ambos testimonios- un periodo para que las familias que sienten el riesgo expongan su caso antes del inicio del curso.

A Elena, por tanto, le es igual lo que diga la administración y piensa seguir adelante con su idea de “protección de la infancia”. “Le tengo más miedo al virus que a un expediente. Si nos abren un expediente, va a ser la primera vez en la historia de la educación en Andalucía en la que se abra porque una familia, por miedo y por velar por la salud de sus hijos, decidan no escolarizarlos”, sentencia.

Mari Ángeles se sitúa en la misma disyuntiva: “Yo tengo que elegir entre un expediente o la UCI. Porque el Pediatra me lo ha dicho claro: 'Si tu hija cogiera el Covid, podría acabar en la UCI'. Sé a lo que me expongo. A que me expedienten, que me abran una sanción o que entren asuntos sociales por medio. Pero es que no me ofrecen otra cosa. Yo ahora mismo vivo sin vivir en mí. Me tiemblan las piernas, si te soy sincera”, reconoce.

Antes de terminar, Elena, que está esperando que la llamen para su operación, plantea la situación desde una interesante perspectiva: “La sanidad hoy es telefónica. A mí me han atendido telefónicamente de mi enfermedad. Todo el seguimiento del Covid está siendo telefónico. Si esto es así, no se entiende de ninguna manera que la educación tenga que ser obligatoriamente presencial”.

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