La Córdoba pendular

José María Bellido, en el vestíbulo del Ayuntamiento | ÁLEX GALLEGOS

Suele decirse que la Historia se comporta con un movimiento pendular. Tiene su verdad si comparamos lo que sucedió hace cuatro años en la sede del Ayuntamiento de nuestra ciudad y lo que ha acontecido en este 15 de junio del 2019.

Los servicios de protocolo y prensa de Capitulares volvieron a instalar pantallas de vídeo para que los ciudadanos y ciudadanas no acreditados para estar en el Salón de Plenos pudieran ocupar el patio o el vestíbulo de entrada del edificio que nos representa a todos.

A los periodistas los instalaron en una sala de prensa con monitores y mesas corridas que parecía un Cabo Cañaveral de provincias a la espera de que el lanzamiento del nuevo Apolo-Alcalde saliera bien: “Houston, Houston, todo parece ir de perlas”.

Y esa fue la imagen del péndulo. Si hace cuatro años –con más público que hoy- el péndulo se situó a babor, en este año se colocó a estribor, con la media de edad un pelín más alta y con un vestuario que asemejaba al dress code de una boda o de una Primera Comunión.

A las puertas del Consistorio, desde horas antes de la hora prevista para la celebración del pleno de investidura, un señor a las puertas portaba silente una pancarta de cartón con la leyenda “Libertad, Política Colectiva” (sic). Se presentaba como un “activista” del Movimiento Ciudadano hacia la República Constitucional (MCRC) y decía hacerlo siguiendo las directrices del fallecido Antonio García Trevijano. Ahí, él solito.

Mientras, frente al Ayuntamiento cruzaba un grupo de chicos de despedida de soltero, con el novio vestido de gitana, camino de la Corredera. Lo normal en un sábado.

Empezaron a llegar los invitados al sarao. Concejales electos, familiares y amigos, prensa, curiosos...

Y el pastor de la grey católica de Córdoba, Monseñor Demetrio Fernández, que llegó un poco antes de que el carillón de San Pablo anunciara la hora del Ángelus –alguien en la plaza que lo vio entrar dijo: “Éste es el que de verdad ha ganado hoy”-. La gente dice cosas.

Antes del Pleno oficial, hubo un minuto de silencio a las puertas de Capitulares recordando a la última (desgraciadamente será penúltima, nos tememos) víctima de violencia de género, en el que estuvieron presentes los concejales electos y representantes de la Plataforma Cordobesa contra la Violencia a las Mujeres. Estuvieron también los dos concejales de Vox silenciosamente enfrascados en su concepto de “violencia intrafamiliar”.

El que también bajó a la concentración fue Monseñor Demetrio, pero eso no es óbice para que en la intimidad de su capillita o junto a su humilde jergón haya elevado una plegaria por la víctima, por el asesino descarriado, por los bomberos que acudieron al piso o por el juez de vigilancia penitenciaria que dejó salir a ese cabrón reincidente. La intimidad de los pastores se queda para ellos. Ni las ovejas la entienden.

Protocolo

Asistimos también a un buen rebote. El de la secretaria provincial del sindicato CC.OO, Marina Borrego, que se enteró al llegar de que no estaba acreditada para estar en el Salón de Plenos, sino que estaba situada en el patio, viendo un monitor de TV. No entendió que en el salón noble estuvieran representados los empresarios o la Agrupación de Cofradías y no los representantes de los trabajadores. Lo consideró un desaire y se piró. “Mal empezamos”, pareció musitar mientras se iba.

Todo se desarrolló según lo previsto: los concejales de Vox juraron su acta con un “Por España; sí, juro”, que despertó algún aplauso entre el público engalanado para la ocasión y luego se abstuvieron en la votación y ya está.

Bellido ya es alcalde. El péndulo está a su lado. Tic-tac, tic-tac.

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