El amoniaco en productos capilares ¿perjudica de algún modo?

Básicamente, las tinturas capilares a oxidación (las que se mezclan con agua oxigenada aparte) están compuestas de pigmentos colorantes (o formador del color, el que se desarrollará después de un tiempo de exposición), de ciertas sustancias derivadas del petróleo (parafenylendiamina o PPD, que es causante de las alergia a este tipo de tinturas), una crema con polímeros suavizantes y ese otro componente, de olor desagradable, penetrante y característico, llamado amoniaco. Tan desagradable es su olor que, por sí solo, con apenas olerlo, parece que a todos nos inclina a su rechazo. Tal es así, que algunos avispados fabricantes de cosméticos capilares, allá por 1.985, idearon otras tinturas para teñir el cabello, de las que, al parecer, se aficionaron a ellas numerosas mujeres en todo el mundo, siempre en la creencia de ser mejores para la salud de sus cabellos, menos irritantes y con similar colorido a los de oxidación.

Pero, ¿será verdad que la sustancia amoniacada en los tintes son dañinas? ¿Quizá porque algunas mujeres –y hombres- dicen que les produce escozor en el cuero cabelludo?

Veamos lo que es verdad o no lo es en tan diametral en tan  controvertido asunto:

1º/ El amoniaco puede llegar a ser dañino en cierta medida y con el transcurso del tiempo para la salud del profesional, mínimamente hacia sus vías respiratorias y pulmones y más fuertemente hacia su cerebro, es decir por reiteración, pero no en una usuaria/o particular en cualquier caso; primero, porque sus emanaciones se expanden hacia arriba, como todo gas licuado, y el amoniaco lo es; segundo y lo más importante: en las proporciones formuladas en un tinte o en otros productos profesionales (líquidos permanentadores y alisantes), es prácticamente inocuo para el cabello y, en cierta medida, para el mismo profesional en los casos mencionados, a pesar de su olor.

No obstante, antes de avanzar, veamos qué es, de qué se compone y si es cierto que el amoniaco contenido en los elaborados tintóreos, permanentadores y alisadores capilares es tan perjudicial, realmente, como muchos certifican:

Originalmente, el amoniaco es un gas compuesto por un átomo de nitrógeno y tres de hidrógeno (NH3), muy soluble en el agua (H20, o dos moléculas de Hidrógeno y una de oxígeno), donde al ser mezclado en ella adquiere sus respectivas moléculas, conformando el amoniaco comercial o NH40H, cuyo olor es tan propio, único y extremadamente fuerte e irritante. Su actuación en el cabello se fundamenta en la hinchazón –suavísima y mínima hinchazón- que le produce a fin de ser más sencilla la penetración del color, líquidos permanentadores y alisadores fijos), el cual, al contacto con el agua oxigenada (o peróxido de hidrógeno) y la tintura (en su parte colorante de p-fenilendiamina por su contenido pigmentario, para que, mientras tanto, las otras materias –color, agua oxigenada y suavizantes-, transformen el color del cabello; o lo ricen o alisen en el caso de las permanentes y alisados capilares. Nada más hace ni perjudica, ni irrita -o causa escozor- al cuero cabelludo. Es fabricado químicamente, siendo un gas incoloro y de olor muy penetrante. Se produce por descomposición de la materia orgánica (nosotros diariamente producimos amoniaco en nuestro cuerpo), pero, como he dejado entrever, también se fabrica artificialmente. En ambos casos es muy volátil (se evapora rápidamente) y se disuelve en agua con mucha facilidad, además de poseer otra característica sustancial a tener en cuenta: es fácilmente biodegradable, no ocasiona problema alguno y es consumido por plantas y animales por su alta dosis de nitrógeno.

Igualmente, su fabricación se realiza mayoritariamente para producir abonos, aunque también para confeccionar plásticos, explosivos, productos de limpieza y en decoración.

Como he apuntado, una de las ventajas del amoniaco es su volatilidad, además de su efecto catalizador del oxígeno para desarrollar al oxidante y su fácil e inocua penetración en el interior, aunque este se acelera, al mismo tiempo, con el calor de la cabeza. El cabello, a la vez, se hincha por el efecto amoniacal, pero vuelve a su posición normal cuando se evapora el amoniaco, aunque hemos de estabilizar, por su pH alcalino, el pH ácido y genuino del cabello a sus niveles iniciales de 5,5 resolviéndose con la aplicación de cremas, geles y lociones de pH ácido, entre 4,5 á 5,5. Otros tintes sin amoniaco utilizan sustancias alcalinas muy variadas que, debido a su lenta volatilidad, hace que el pH permanezca constante durante más tiempo en el cabello, de ahí su cobertura con las canas, de no ser complicadas, pero que no resulta menos inocuo que el amoniaco, el que es más rechazado a causa de ese olor penetrante del que antes hablábamos. No obstante, debo insistir que las concentraciones de amoniaco en las tinturas, en permanentaciones y alisadores fijos suelen bajas. Por consiguiente, además de resultar seguro este compuesto, los fabricantes siguen apostando por él, a pesar de tener otras líneas colorantes, aunque menos efectivas que las tinturas amoniacadas.

Utilizar estos productos capilares conteniendo amoniaco. No son perjudiciales para la piel y el cabello por su baja concentración en ellos. Lo que realmente perjudica al cabello y cuero cabelludo son las altas dosis -y reiteradas aplicaciones- que sobre ellos se hacen con aguas oxigenadas en las tinturas y mechas, y en las permanentes y alisados a causa de otro componente añadido al amoniaco: el tioglicolato de amonio, el que debe ser bien manejado según la calidad del cabello.

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5 de julio de 2016 - 07:08 h