Borriquito como tú

Pedro Pacheco, ex alcalde andalucista de Jerez de la Frontera, será recordado, principalmente, por tres cosas: las luchas por el liderazgo en su malogrado partido, la condena judicial por un supuesto delito de prevaricación durante sus años al frente del referido ayuntamiento gaditano y, por último, por ser el autor de la archiconocida frase "la Justicia es un cachondeo". Concretamente, este último desliz verbal estuvo a punto de costarle al problemático político un auténtico disgusto que logró evitar retractándose y pidiendo disculpas con suma rapidez. Aunque creo que el señor Pacheco llevaba toda la razón en el asunto que propició la citada declaración, estimo que pecó de cierta irresponsabilidad ya que un representante público ha de exhibir un cierto nivel de madurez y seriedad, tanto en sus opiniones como en su comportamiento.

Esta pasada semana, en plena feria, hemos tenido conocimiento de una sentencia dictada por el titular del juzgado de lo social número 2 de Córdoba, señor Manuel Oteros, en la que llama "burros" a los políticos en reiteradas ocasiones. Además, por si hubiere alguna duda acerca de la intencionalidad del magistrado, en el mismo fallo judicial pide perdón a la familia equina por compararla con la clase política. En la polémica sentencia, el juez da la razón a un empleado del Instituto Municipal de Deportes (IMDECO) que ha sido suspendido de empleo y sueldo por, según el señor Oteros, "hacer lo que decían los políticos". No voy a valorar el trasfondo del fallo aunque cualquiera que conozca el funcionamiento del IMDECO –yo he sido miembro del mismo durante siete años- sabe que en éste y otros asuntos aún pendientes hay, si me permiten la expresión, "mucha tela que cortar". En este artículo sólo me voy a centrar en el lenguaje empleado por el señor Oteros y, a este respecto, he de reconocer que no he podido evitar rememorar la opinión sobre la Justicia que profirió quien fuera primer edil de Jerez.

Soy Licenciado en Derecho por la Universidad de Córdoba y, durante mi instancia en la Facultad, tuve la oportunidad de conocer al señor Oteros como responsable de la asignatura de Derecho Procesal. Sinceramente, guardo gratos recuerdos de él y siempre me pareció una persona comedida por lo que la sentencia que ha suscrito me parece impropia de alguien como él. Mi antiguo profesor, al igual que en su momento sucedió con Pedro Pacheco, puede estar en lo cierto respecto al fondo de la cuestión pero hay ciertas manifestaciones personales que no pueden plasmarse en un fallo judicial. En este sentido, coincido plenamente con el presidente de la Audiencia Provincial de Córdoba, señor Eduardo Baena, para quien los jueces deben emplear en sus sentencias un lenguaje jurídico, que no farragoso, evitando caer en excesos verbales.

Por otro lado, y el señor Oteros debería saberlo, es un error generalizar. No todas las personas que se dedican a la actividad política son "burras" aunque, como dicen los gallegos con relación a las "meigas", haberlas, haylas. En cualquier caso, la política no es un compartimento estanco por lo que también podemos hallar especímenes análogos en otros ámbitos, incluido el judicial. ¿Ya nos hemos olvidado, por ejemplo, de lo que sucedió con Mari Luz Cortés, la niña que fue asesinada porque se cometió un grave error que permitió que un pederasta reincidente campara a sus anchas por las calles?; ¿Qué me dicen ustedes del juez almeriense que ha sido detenido este fin de semana por graves altercados durante la madrugada?; ¿Y qué opinan de la sentencia dictada por el Juez Olmo, para quien llamar "zorra" a la esposa no constituye menosprecio o insulto siempre que se utilice este término "para describir a un animal que debe actuar con especial precaución"? Así podría seguir durante un buen rato por lo que el señor Oteros, si quería plasmar en su fallo un sentimiento social, tal vez debería poner como ejemplo, en primer lugar, a sus propios colegas ya que, según todas las encuestas realizadas, es factible afirmar que el concepto que los ciudadanos albergan de la política es muy similar al que tienen de la Justicia.

En estos tiempos que vivimos, políticos, jueces, magistrados y, en general, todos aquellos que ostenten algún tipo de responsabilidad de carácter público, deberían extremar al máximo sus opiniones y actuaciones ya que el clima está suficientemente enrarecido como para echar más leña al fuego. No hay que ocultar los errores que puedan existir, sino asumirlos y corregirlos con seriedad y madurez. Por tanto, mientras no exista propósito de enmienda y éste sea realmente palpable por la ciudadanía, de nada servirá la crítica vacía y pueril pues, en este caso, el presunto aludido siempre podrá argumentar: "y tú más", "y tú también" o, tal como cantaba Peret, "borriquito como tú".

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6 de junio de 2013 - 08:00 h
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