Alquilar, comprar, cantar, bailar

El pasado viernes hizo una noche de perros. De ello ha dado fe, de forma impecable, Meteofreak. Era una noche perfecta para alquilarse una película y quedarse en casa, al caro calor del hogar (la factura de la luz ha vuelto a subir nuevamente, esta vez un 8 %). El problema es que si vas a Fuentes Guerra a por esa película te encuentras un escenario preparado para un concierto, un grifo de cerveza al popular precio de un euro y un ambiente con ganas de fiesta.

Para esta ocasión el artista era el Lucentino Lou Levi. Un tipo simpático. Soltó su setlist de greatest hits. Los falsetes de Bono nunca fueron más auténticos. En los momentos de zozobra del concierto, que siempre los hay, puedes pasar tus dedos por la infinidad de cedés, vinilos o casettes que hay esperando dueño. Puedes revisar la filmografía de Woody Allen y pensar cuáles te faltan por ver. Mires donde mires, todo resulta lúdico.

Le pregunto al gerente sobre el formato acústico de estos conciertos. Me indica que la última vez que entró una batería, las películas se caían de sus estantes. Se le ve contento. Hay que enfrentarse a la crisis. De haberme quedado en casa, pienso, mi gasto de luz iría a parar a Endesa, y, por lo tanto, a sus consejeros delegados, entre ellos Josemari. Yo también me voy contento.

Termina el concierto con una versión de Dunca Dhu. Me corrige un antiguo actor de reparto de Verano Azul:"no, son Duncan Dhul". Un gran flan.

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20 de enero de 2013 - 07:00 h