Amo Córdoba

Porque como ya han anunciado el meteofreak y las nuevas bermudas de Juan, el verano se acerca. Y, entiéndanme, lo mejor de este mes de junio es precisamente que no hay nada que hacer.Y cuando no hay nada que hacer (me refiero a nada preestablecido) es cuando la ciudad se comporta como sí misma, sin imposiciones y demuestra lo que es. Así, surgen a la par el mercado hipster del pasado domingo en La Boca, la prestación de un nuevo libro de Bandaáparte, en El Astronauta,  las conferencias en el Círculo de la Amistad o simplemente las reuniones de comunidad. La Cordoba dispar, polarizada pero no condicionada. Quiero decir que, cuando no hay un evento que pretenda dirigir todo nuestro ocio (véase el agotador mayo festivo o los magnísimos eventos tipo cofrade o medieval, guitarrero o incluso poético), la ciudad demuestra lo que es. Y este mes de junio ha empezado bien, como una ciudad amable. Así que yo la amo.

Cierto es que en otra ocasión la odié, algo que ocurre de forma cíclica. La mejor frase que se ha escrito para explicar este sentimiento contradictorio fue la que colocó hace unos días en el Facebook, Juan Velasco, Juani Cash: "Odio que me guste Córdoba".

Pues eso, que esta tarde presenta libro Fernández Mallo en la Biblioteca Central, pero ustedes ya habrán quedado para tomar los últimos caracoles, o a lo mejor no y no saben qué hacer y lo van a decidir a última hora y ojalá hagan lo que les venga en gana sin tener que cumplir, sin tener que interpretar ahora el papel de cofrade, ahora el de moderno, ahora el de folclórico o ahora el de interesado experto en startups y spinoffs.

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12 de junio de 2014 - 09:57 h