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Vamos a ser claros. En el Córdoba Club de Fútbol Sociedad Anónima Deportiva las cosas nunca se han hecho bien. Desde que se creó la SAD en 2000, hasta que entró en concurso de acreedores en 2011, subió a Primera y descendió a Segunda con una lluvia de millones en derechos de televisión hasta ahora, la empresa deportiva más importante de Córdoba nunca ha funcionado bien. Más bien al contrario, ha funcionado bastante mal y siempre en el alambre.

Lo que está ocurriendo ahora en torno al club de los amores de miles de cordobeses es la consecuencia de años de nefasta gestión empresarial en una ciudad que no se lo merece. Tras años en el pozo de la Segunda B, el Córdoba subió a Segunda justo el año en el que no le pagaba a sus futbolistas. El milagroso ascenso en Cartagena compró tiempo pero no enmendó los defectos de una gestión empresarial que aún en Segunda División nunca fue brillante.

Prasa perdió dinero a espuertas con su dudosa inversión deportiva y condujo al club a un extraño concurso de acreedores en 2011. Entonces, un empresario madrileño llamado Carlos González se hizo con el club, aún tutelado por el juzgado. Milagrosamente le fue muy bien. Subió a Primera División con una suerte inmensa en el partido más surrealista de la historia del Córdoba CF pero entonces decidió que tocaba ganar dinero. Y ganó mucho. Tanto que el club descendió como colista y haciendo un papelón, y poco a poco se hundió hasta que, gran visión, decidió vendérselo a Jesús León, que lo acabó de rematar.

El juez de lo Mercantil alucina en uno de sus autos con que el Córdoba CF esté, en 2019, bastante peor que en 2011 cuando entró en concurso. Los administradores calculan que el agujero en las arcas del club es una deuda de 11,6 millones de euros, en unas cuentas que están en descubierto. El club no tiene patrimonio. Solo jugadores. Por no tener no tiene la cesión del estadio, ni una ciudad deportiva, ni una tienda física... Desde 2011 se calcula que el club ha ingresado unos 70 millones de euros. Ha gastado mucho, sí, ¿pero tanto?

Ahora, se enfrenta a un reseteo absoluto. Pase lo que pase, después de esta semana nada será igual. Hace solo un mes, Jesús León era presidente y propietario, señalaba que iba a arreglarlo todo, que los futbolistas iban a cobrar y que iba a conseguir hasta ascender al equipo. Ahora, un segundo concurso de acreedores aboca a la liquidación del club si alguien no quiere la SAD con todas sus deudas (¿quién se va a gastar 15 millones de euros por un equipo de Segunda B, seamos honestos?). La RFEF ya ha dicho que eso de la unidad productiva va contra el fair play financiero de la FIFA y que en ese caso el Córdoba tendría las horas contadas en Segunda B.

¿Qué queda? Un reseteo absoluto del fútbol profesional en Córdoba. Probablemente, lo más honesto a estas alturas sea empezar de cero e intentar hacer las cosas bien desde el principio. Cualquier otra alternativa, me temo, es ya inviable.

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Publicado el
29 de noviembre de 2019 - 22:18 h
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