Las cosas por su nombre

Los que trabajamos en esto tan general de la comunicación sabemos la importancia que tienen las palabras.

En este artículo de El Mundo está la importancia de algo tan aparentemente insignificante como es una coma, que puede cambiar la situación procesal de una persona. Los que trabajan, además, en la imagen de marca saben lo difícil que es lograr que un nombre corto sea capaz de decir muchas cosas.

La batalla del nombre de la Mezquita de Córdoba la tenía perdida el Cabildo desde el día en que la empezó. En el año 2010 y de manera sibilina decidió que el monumento más importante de la ciudad, al que venían a ver más de un millón y medio de personas, ya no se llamaba Mezquita sino exclusivamente Catedral. Error de libro. Para empezar, en 2010 muchos cordobeses desconocían que en su ciudad existiese siquiera una catedral. Y muchos turistas se quedaban atónitos cuando entraban al monumento y leían unos folletos que eran poco menos que una patada al rigor histórico.

El Cabildo, que se niega a reconocer que se equivocó, llevaba dos años trabajando en volver a llamar al monumento por su nombre. El cambio de esta semana no ha sido, ni mucho menos, improvisado. El Cabildo ya había registrado la marca comercial Conjunto Monumental Mezquita Catedral y en algunos mentideros de la ciudad había trascendido el debate interno que estaba manteniendo el Cabildo a cuenta de una polémica absurda que no gustaba a muchos sacerdotes cordobeses, que en privado la criticaban pero que en público la acataban.

Por mucho que lo intentase, el Cabildo no iba a lograr jamás que al monumento más importante de la ciudad se le llamase exclusivamente como una parte de lo que es y que nadie oculta: la catedral. Si acaso, comenzaron a hacerlo los convencidos, los que van a defender todo lo que haga la Iglesia siempre.

No obstante, y con este pulso, el Cabildo ha ganado también una pequeña batalla, que sean muchos los que además de Mezquita utilicen el término Mezquita Catedral para definir al monumento. Lo hizo, cuando surgió, la plataforma ciudadana a la que hay que atribuirle la mayor parte del mérito de que se haya logrado esta rectificación. Lo hacen los medios de comunicación, los políticos y hasta los miembros del Cabildo (desde esta semana, eso sí).

Dicen que errar es humano y rectificar es de sabios. Pero mantener tanto tiempo este error, con carta del obispo Demetrio incluida en la que se aferraba al término catedral, ha sido absurdo. No hay nada más castellano que el sostenella y no enmedalla.

Al final, ha ganado el sentido común. Bienvenido sea.

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Publicado el
3 de abril de 2016 - 03:39 h
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