Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

El búnker

Urna electoral

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Durante cada Corporación municipal, a estas alturas de mandato, suele caer una columna en prensa titulada El síndrome de la bombonera. Esta patología solo tienen riesgo de padecerla los alcaldes de Córdoba. La bombonera es como coloquialmente se llama a las dependencias del alcalde en Capitulares. Supongo, siempre me lo pregunté, que por que en algún lugar había un mueble donde se deberían guardar bombones. Aunque en mis inicios en este oficio siempre me imaginé al alcalde de turno rodeado de bombonas.

Cuestiones semánticas aparte, el síndrome se refiere a la tendencia que suelen sufrir los alcaldes a bunkerizarse y rodearse de personas que con toda la buena intención del mundo les dicen que todo va bien. Y esta columna no va de eso. Si has llegado hasta aquí leyendo te va a decepcionar si piensas que me refiero a lo que le pueda estar pasando al alcalde de Córdoba. No me gusta generalizar, pero es algo que en política es cada vez más común. Pero que se dispara a estas alturas de los mandatos municipales, cuando, como decía Alfonso Guerra, el que se mueve no sale en la foto y es probable que tampoco en las próximas listas electorales.

La bunkerización de la política tiene mucho que ver con ciertas tendencias presidencialistas, de amor incondicional al líder, que olvidan que en España nuestra democracia es parlamentaria para, precisamente, evitar eso. Si piensan que son ustedes los que votan al alcalde, al presidente de la Junta o al del Gobierno, mala suerte. Ustedes votan candidaturas, listas de partidos, encabezadas por una persona. Son sus elegidos los que luego se ponen de acuerdo sobre quién será su alcalde o su presidente. Si quieren entender cómo se elige al presidente de la Diputación entonces es cuando necesitan un manual de primero de política local española. Su elección es indirecta, depende de partidos judiciales y, fundamentalmente, de los partidos políticos. Sorpresa.

Por eso me sorprende tanto que a estas alturas de la democracia española se haya transformado en un sistema político donde se hace todo lo que al líder se le antoje. Y además, se trata de un líder incuestionable, infalible y perfecto. Todo el que ose discrepar será tachado de disidente, fascista o comunista, depende del partido.

Lo estamos viendo con Pablo Iglesias. Siempre pensé que se habían bunkerizado por todo lo que había sufrido hasta que anunció que dejaba la política. Jamás en la historia de la restauración democrática de España un político había estado sometido a tal nivel de presión, a unos niveles intolerables e incluso delictivos. Pero lo que está ocurriendo en las últimas semanas es algo que me deja atónito. Iglesias ha decidido tachar de disidente a todo aquel que no comulgue al 100% con sus postulados.

Para una persona acosada de tal forma esa actitud podría ser hasta cierto punto comprensible. Para la legión de fans y aduladores que lo rodea (aunque me temo que su ejército es más pequeño de lo que parece) lo es bastante menos. Es de primero de democracia saber que decirle al líder lo guapo que es todos los días es bastante perjudicial. Esos piropos siempre suelen acabar mal pues alejan al amado líder de la realidad, tanto que llega a creerse que de verdad es el mejor. Y cuando se abren las urnas más dura será la caída.

La verdad, aunque duela, siempre es revolucionaria. Y sana. Máximo cuando nos jugamos algo tan evidente como nuestra frágil democracia parlamentaria.

¡Huyan de los grandes hombres que nunca se equivocan!

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Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

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