Noche oscura del flamenco

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Zen, lo que a Córdoba le hace falta es ser más zen. Bueno a Córdoba y a tí y a mí. Tenemos una irrefrenable compulsión por hacer, una vanidosa idea que nos hace creer que todo será mejor tras nuestra huella, que el mundo estaba esperando a que llegásemos para ponerse en nuestras manos. Alguien pensó, en esta moda por las fusiones irrelevantes que nos dio y aún nos dura, que unir la idea de las noches blancas y el flamenco era original, creaba marca, daría dinero y nos pondría en el mapa. Seguro que lo hizo con buena intención (¡ay las buenas intenciones¡), y los políticos que están a la que salta la dieron por buena. No le echamos demasiada cuenta, una experiencia más, igual funcionaba.

Pero todo fue a peor. Nadie terminaba de entender del todo la cosa, artísticamente apenas pasa nada relevante, o si pasa somos incapaces de apreciarlo porque suena como el demonio, todo se llena eso sí, demasiado, a todas horas, nadie calla, ni escucha. Pero la cosa crecía, los que deciden en la ciudad esas cuestiones dictaminaron que era fundamental para la ciudad, un hito, parte de su marca, de su identidad, y cuando ellos dicen eso ya sabes lo que significa. La cosa es otra de las nuestras, tradicionales, inalterables.

Las gentes de Ganemos decidieron plantar cara al monstruo y plantearon dividir la actividad en distintas noches, a ver si por partes había manera de embridarlo. La alcaldesa, que en algún momento se había manifestado en el mismo sentido, dio por buena la sugerencia y ahí que se plantaron delante del ser dispuestos a despiezarlo y mandarlo a los barrios dividido. Pero la cosa ya piensa por sí misma, es autónoma, se sabe más fuerte que nosotros, las constantes loas y apoyos incondicionales la han alimentado hasta resultar intratable. Dice que sí, que se irá a los barrios y más noches, pero cuando y donde ella quiera, y no porque la dividamos, sino porque se multiplica. La Noche Blanca seguirá siendo igual o mayor, y además tendremos metástasis por nuestros barrios y nuestro calendario.  Crecerá y crecerá y quizás cualquier noche cordobesa sea ya la noche blanca, con sus olores, su soniquete, sus empujones. Otro monstruo más en nuestra ciudad, too big to fail, otra hipoteca que ya nadie se atreverá a cuestionar, apelando a una grandeza que nadie en su sano juicio reconoce. Otra más.

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Publicado el
2 de febrero de 2016 - 01:47 h
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