La ciencia de la libertad

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Jep Gambardella (Toni Servillo) escribió de joven un libro de éxito y se propuso encontrar la gran belleza. Paradójicamente ese empeño le llevó a una vida descreída, en la que su talento se convirtió en brillos y ocurrencias, y su escritura impotente estuvo al servicio del entretenimiento de las revistas. Quizás Gambardella se libró de la esclavitud de creer, o por el contrario desistió de vivir lo previsto porque no le resultaba suficiente para acceder a lo que él sabía que existía y rozaba con las yemas de los dedos pero le estaba vedado. Siguió para siempre siendo el escritor que ya no era, y se convirtió en un crápula honesto, que es la segunda de mis preferencias vitales, después del cínico. Todo esto lo vimos en una Filmoteca abarrotada, en la nueva dolce vita de Paolo Sorrentino, La Grande Bellezza.

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El otro día vi esa imagen. Vi a esa mujer aproximarse a la luz, vi a la persona que la fotografiaba, y días después la instantánea que me devolvió a aquel momento. Fui allí no sé muy bien por qué, quizás para traerme en la retina una salida de emergencia, una promesa de la existencia de otro mundo, o más bien de la relatividad del que habitamos. Esa luz y ese rojo me han dado para mucho, y el gesto corporal de Rosa Romero entre la hipnosis y el pánico, las manchas que te dicen que eso es real, no un decorado, ni una obra de ficción. Había algo allí que estaba al inicio y al final, y entre medias todo era fragmentación y locura, todo esto lo vivimos hace unas semanas gracias a Alberto Cortés y su taller "No cometerás actos impuros". Aún recuerdo los movimientos de Rebeca, los gritos, las miradas perdidas, y a esas imágenes me mudo cuando no me gusta lo que pasa, cuando la vida se vuelve oscura.

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"El propósito del arte es hacer libre a la gente, por lo tanto, para mí el arte es la ciencia de la libertad", decía Joseph Beuys. Hay personas que se dedican a esa ciencia, a abrir pasadizos para que los demás nos podamos escapar, ellos lo hacen porque no tienen más remedio, porque solo saben cavar e imaginar lo que puede haber al final del túnel, y porque lo que hay a este lado les aburre. Estos días podremos ver una retrospectiva de Scarpia en las Galerías del Cardenal Salazar, a Efímera en el Astronauta, a Alegría y Piñero en Iniciarte, a El Arsenal en Medina Azahara. Y el sábado en El Arsenal una cita que no sé por qué me recuerda una de las primeras películas de Von Trier, una cosa de locos un poco Dogma. Danza, pintura, action painting, palabras, un desorden organizado para que cada uno construya sus imágenes, sus recuerdos, sus palabras y se las lleve para cuando le falten, cuando todo sea desánimo, repetición y aburrimiento.

Nota: Fotografía de José Manuel García Pérez

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22 de abril de 2014 - 06:11 h