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El capitalismo granuja y el perro de Bankia

Ángel Ramírez

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La publicación de los correos del expresidente de Bankia Miguel Blesa (ver cuaderno nº4 de El Diario) está siendo una fiesta, uno termina empatizando con esa sobrina que pide una ampliación de su préstamo, con la amiga de la secretaria de la entonces presidenta Aguirre que pide una hipoteca un 10% más alta que el valor de la vivienda, y alucinando con los malos malísimos que piden puestos para sí o sus amigos, inversiones millonarias… Los lees y todo tiene algo de zarzuelero, de culebrón decimonónico, con sus ricos y sus ingenuos pretendientes a serlo, quizás como cualquier élite si se la observa de cerca. La realidad es que nos parecen normalísimos, porque damos por descontado el abuso del poder, al fin y al cabo eso es el poder, el poder de abusar.

Esto que nos resulta tan natural es lo que el nobel de economía Joseph Stiglitz denomina capitalismo granuja, una redundancia, así que a mí me gusta más llamarlo capitalismo real, aunque supongo que no es eso lo que pensaban enseñar en esa sede de la London School of Economics que iban a localizar en Majadahonda (nombre interesante también). Repasas los emails y todo es falso, feote (desentonan algunas apelaciones a principios de viejo caballero de Rafael Spottorno) y ramplón. Pero entre esa maraña de arribistas y abusadores pasa desapercibido un creador radical, un ser casi anónimo, un visionario conservador que supo entender el carácter de nuestro tiempo, un incomprendido. Si eres performer, creador contemporáneo y opusino del barrio de Salamanca tienes problemas porque nadie te termina de reconocer.

Resulta que Nosecómo García Escudero (hermano de Pío, presidente del Senado) era y probablemente sigue siendo director de una oficina de Bankia. El buen hombre se dedicaba todas las mañanas a llegar con su perro a la oficina, dejarlo en el despacho y quitarse elegantemente de en medio por el resto del día. Allí que se quedaban los empleados con los ladridos del perro  y sin tener ni idea del paradero de su jefe. Al final de la jornada volvía por su buen amigo y se despedía. Esto lo hace Marina Abramovic y ya me estoy imaginando los análisis sobre “Gerencialismo autoritario del capitalismo financiero”, o “El poder absurdo: perros y directivos”. ¿Funcionan las organizaciones sin directivos? ¿Son los directivos unos animales? ¿Las palabras del poder son ladridos? No sabemos qué nos quiso transmitir nuestro secreto artista, que tuvo la mala suerte de estar en el sitio equivocado.

A pesar de su brillantez, a este visionario su acción le costó informes negativos y que tuviera que interceder para salvarle el cuello su poderoso hermano, es lo que nos pasa por tener élites tan incultas que no aprecian la creación cuando la tienen delante. Si hubieran sido modernos estarían cobrando entrada a la gente por visitar el despacho y dejarse morder la entrepierna por el perro/directivo. Legiones de parados, autónomos y población no activa desfilarían para tener esa experiencia que permite entender la nueva era del capitalismo en que nos encontramos, y que ahora disfrutan en exclusiva los asalariados. Del capitalismo granuja al capitalismo de la experiencia. Como yo, al contrario que ellos, voy del rollo colaborativo, le regalo esta idea a la Fundación Caja Madrid, supercool y mucho más barata que las que se le ocurren a nuestro expresidente Aznar. De nada.

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