De lo que están hechos los locos

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Sentarse, la tarde de antes, en un punto elevado de Tarifa, donde se vea la costa africana; contemplar desde allí cómo peinan los barcos, lentamente, los cabellos mojados que se escapan del Mediterráneo al Atlántico; y pensar, para ti, "mañana, tú y yo; mañana, tú o yo", debe de ser algo impresionante.

Eso sólo lo puede hacer quien se dispone, propone y prepara en cuerpo y alma para cruzar a nado el Estrecho de Gibraltar. Eso, entonces, lo hacen sólo un grupo de privilegiados. Ayer lo cruzaron cuatro amigos y lo dedicaron a la Fundación Miaoquehago, y eso es un orgullo muy grande para nosotros.

El objetivo, recaudar fondos para poner en marcha una nueva línea de ayudas para pago de terapia infantil en piscina. El reto se llamó como esos 20.000 metros que, aproximadamente, iban a cubrir. Y la meta se fijó igualmente en unos 20.000 euros que, gracias al apoyo de importantes patrocinadores, se consiguió superar al poco de proponerlo.

La idea se capitanea, en un principio, por Pedro Mora, abogado cordobés que forma equipo con sus amigos Gerardo Barrios, arquitecto también de Córdoba, Lina Lara, enfermera malagueña, y Carmen Oria, funcionaria del ayuntamiento de Córdoba.

No me canso de decir que, lo que más nos impresionó de una propuesta así, fue que se marcaran un compromiso a tan largo plazo. Ninguno es nadador profesional, lo que les obliga a diseñar un calendario intenso de entrenamientos durante más de un año, en piscina, en paralelo a la costa y participando en pruebas menores. Espectacular, digno de elogio.

Nuestra fundación se centra en niños acostumbrados a dejarse la piel a base de horas de terapia y esfuerzo, mucho esfuerzo. Por eso mismo nos cautivó la idea desde que nos la platearon y estuvimos deseando verla realizar, y ayer llegó el día.

Finalmente, por dos bajas en el equipo, entran Navidad Moreno, médica malagueña, por Carmen y Eduardo Zorrilla, concejal del ayuntamiento de Málaga, por Pedro, con Jimmy de entrenador

Lo de cruzar el Estrecho, a pesar de ser más habitual de lo que pensamos -casi todas las semanas lo cruzan nadadores-, no deja de tener una logística que, aunque no sea en sí complicada, se debe inexcusablemente a agentes externos imposibles de controlar, como el tiempo y el estado de la mar.

Debes estar preparado para que te den salida con apenas dos días de antelación, y eso pone a prueba también tus nervios y estado de ánimo. Fueron varias las veces que recibió nuestro equipo el aviso, y varias las que se cayó la convocatoria en el último momento. Aun así, las ganas de realizar el reto no decayeron jamás, y ayer lo demostraron.

A diferencia de los nadadores profesionales, nuestros chicos sería ayer la primera vez que realizaran un recorrido parecido, en intensidad, dificultad y distancia. No habría lugar para errores ni margen de maniobra para replantearse nada. Hay unas reglas que cumplir y no son nada flexibles. Una de las chicas aguantó todo el recorrido con una molesta entrada de agua en las gafas, y tras la prueba se pudo comprobar en sus ojos el castigo de la continua exposición al salitre.

Les acompaña un barco de avituallamiento y otro de recreo, con amigos que no se lo querían perder. Se permiten y programan varias paradas para beber agua pero, si se toca una embarcación, se descalifica al nadador.

Por el camino, en los vídeos que se han grabado, se ve cómo se han topado con delfines, ballenas y con barcos de carga que marcan el territorio sólo con su tamaño. Uno de éstos, precisamente, obligó a variar un poco la ruta, incluso la tripulación barajó la posibilidad de subir a los nadadores a bordo, para evitar riesgos por la proximidad a ellos.

La prueba se completó en poco más de cuatro horas y media, tiempo que nos tuvieron a muchos en vilo, pendientes de la ruta que trazaba una web de seguimiento GPS en tiempo real de los barcos.

Hablo con ellos tras la prueba, y todavía te sorprenden más cuando, después de haber realizado una proeza de semidioses, te tratan con la humildad y modestia de quien, meses atrás, aún se entrenaban en piscina. Y te agradecen -¡ellos!- la oportunidad de haber podido retarse a sí mismos, y empaparse al tiempo de las historias de esfuerzo y lágrimas que tantas veces han leído de las familias de la Fundación. Dicen que pensar en eso ha sido un verdadero motor e inspiración para ellos, para superarse, para no abandonar.

En fin, ha sido inolvidable, por muchos detalles, y no tendremos tiempo suficiente para agradecérselo nosotros a ellos.

También a las firmas y empresas que han  apostado por esta proeza, desde SILBON, impulsora de la idea en su línea de RSC, como de Grupo Piscis, Mora & Jordano Abogados, Colegio St. George, Coonic, DisOfic, Idún, Grupo Syga, Arte Herrera, De Prado, Citroen Sama, Hospital Quirón, Fundación Unicaja, Grupo Puma y Urbania.

Había quienes, hace cosa de un año, cuando contaban a propios y extraños lo que querían hacer, los tildaban de locos. Los padres que tenemos algún hijo con alguna limitación que trabajar, hemos sentido una y mil veces las miradas de quienes creen que lo que hacemos con nuestros hijos tampoco servirá para nada, y ahí están, callando bocas a su paso.

Es lo que tienen los locos que, o no saben que lo son o les vuelve más locos saberlo... Gracias, amigos!

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4 de noviembre de 2018 - 11:11 h