Bordeando Murcia

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Esta ruta combina playa y ciudad con aires mediterráneos. Arranca en la primera playa andaluza, empezando por el este, Los Cocedores y termina en la primera ciudad del litoral murciano, Aguilas. Para conocerla basta recorrer una misma carretera que serpentea entre cerros, calas y curvas desde San Juan de los Terreros, todavía en la costa almeriense, en Pulpi. Para empezar, la playa:

-Los Cocedores es algo así como una playa dibujada por un niño hecha realidad. Es la ultima cala andaluza, arriba ya tienes Murcia y corona un precioso conjunto de cuatro calas. Lo tiene todo, dunitas, arena dorada, una perfecta ensenada redondeada, aguas cristalinas y ondulados cerros de arenisca de color albero con forma de castillo. No he visto playa tan perfecta en mucho tiempo. Para añadir perfección, esta unida a una segunda cala, La Carolina, mayor en arena y longitud y abierta al mar. Solo las separa el gran promontorio de arenisca y restos de volcán  en donde los esparteros secaban y cocían las plantas que recogían para su posterior venta. Para ello hacían uso de piscinas hechas sobre la ensenada que se conservan en buena parte. El cerro forma parte de la llamada Punta Parda, un saliente volcánico brutalmente bello. Ambas playas son familiares y se llenan cuando el tiempo acompaña pero mantienen una atmósfera tranquila que hace que siempre se pueda encontrar un hueco, mejor fuera de los fines de semana. El agua es templada y permite el nado tranquilo al no llegar casi olas hasta el borde de la playa. Un secreto: si nadas o caminas por el borde del cerro de las cuevas, Punta Parda, llegas sin mucha dificultad a un frente de acantilados creados por coladas de lava y con caprichosas formas onduladas. Parecen olas petrificadas, no te lo pierdas.

-Águilas. Pasada la primera jornada en la playa (con arroz incluido en el chiringuito Los  Cocederos) te puedes plantar en diez minutos en el centro de esta ciudad murciana. Es curiosa, mediterránea y con un kilométrico paseo que bordea mar y playas. Su historia se une a las minas cercanas y a la industria (ferroviaria) por lo que difiere de las poblaciones puramente turísticas de este litoral. La presencia de su puerto,  las secuelas de la Guerra Civil y los bombardeos  hacen que en buena parte veas una ciudad nueva y con desigual fortuna urbanizadora. Sin embargo conserva restos en su casco central que pregonan que pisas una ciudad liberal, abierta y de intensa vida. La industria no es la que era y el turismo ha ido cambiando a una población de hondas raíces republicanas. Lo puedes ver en la Plaza de España, con edificios art deco y racionalistas o en algunas manzanas de casas dispersas entre el centro y la zona portuaria. En el extremo y sobre una peña alzada en el mar tienes el Castillo del siglo XVIII, San Juan de Las Águilas, utilizado para defender puerto y ciudad hasta el mismo siglo XX. No es mal sitio para ver las dos bahías de la ciudad, Levante y Poniente. A un costado otra de las joyas, en este caso industrial, el cargadero de mineral: el embarcadero del Hornillo.

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11 de junio de 2014 - 02:00 h