Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

Sumisión química, sumisión civil

Una discoteca.

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Anular la voluntad, someternos, doblegar nuestra libertad de decidir. Este país se está convirtiendo en incómodo y hasta peligroso incluso a la hora de salir de fiesta y, como siempre, las mujeres tenemos las de perder. 

Cuando en los veranos de mi juventud salía de fiesta donde ahora me hallo, a mi madre lo más que le preocupaba, hasta que volvía con los primeros rayos de sol mientras sacaban el copo, era que el último lubumba no me hubiera sentado mal. Las agresiones sexuales, las manadas, la burundanga, los pinchazos y la sumisión química hubieran sonado a ciencia ficción.

Cuando ahora veo a mi hija salir al filo de la media noche, tan bella y radiante, para disfrutar del verano que merece, no puedo evitar que un escalofrío me recorra el cuerpo. Me aterran esos que, criados con la pornografía a golpe de clic, creen que lo que han visto es real; los que se atrincheran en la oscuridad para dar zarpazos a la libertad sexual; los que, aún peor, lo hacen en “chupipandi”; y los que como alimañas cobardes pretenden con un pinchazo anular voluntades y ganar olvidos mientras delinquen. 

No, esto no es una broma. Siempre hay imbéciles que reproducen comportamientos que ven en unos medios y redes cada vez más influyentes, pero estos pinchazos, que se extienden como el vertido del Prestige, no son “gamberradas”. Es hasta vergonzoso que alguien sostenga en la contraportada de un periódico nacional que son “una lamentable moda”, como si cometer un delito fuera una moda.

Aunque no se inocule sustancia alguna, ese pinchazo es un atentado a la integridad física que causa una lesión, amén de una práctica peligrosa si pensamos en agujas infectadas, o que hayan pinchado a otras personas. ¿Una gamberrada la transmisión de enfermedades?... Si un mosquito transmite enfermedades con su picadura, imaginen esto. Las jeringuillas ya fueron una vez el modo más letal de transmitir el sida.

Por ello no puedo entender la más mínima reticencia a coger el toro por los cuernos y poner en marcha una investigación que acabe con esto. Aún sin el delito posterior que se pueda cometer, conseguida la sumisión química, el mero hecho del pinchazo es ya un delito de lesiones. El posible delito contra la salud pública por transmisión de enfermedades, no digamos.  

Quiero que mi hija salga cuando quiera sin que nadie la obligue a nada, ni quebrante su libertad de estar y gozar con quien quiera. Por cierto, quiero pasear por la noche con las luces que hacen bonitas y seguras las ciudades, sin que los lobos rabiosos de las manadas se refugien aún más en la oscuridad. Este país no es lo que era, o será que estoy mayor, porque a la sumisión química y la banalización de todo, añado la sumisión civil a golpe de real decreto. La diarrea legislativa nos va a dejar secos. Secos y sin corbata… pero de eso hablaremos otro día.

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Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

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