Jueves Santo

Ahí quedó. Va terminando esta larga semana de penitencia cofrade, y a mí me va llegando mi inevitable condena, la de quien debe saber anticiparse a lo que tiene que ocurrir. Las lluvias de la mañana y la media tarde de ayer no tuvieron la continuidad prevista en los modelos meteorológicos, y quiero intuir que la falta de tino cabreó a más de uno. Buena interpretación, no obstante, que tuvo el desarrollo esperado en la evolución del paso del frente de las últimas horas del día.

Evolución acorde al guión escrito, del reguero de núcleos convectivos que salpicaron hasta la tarde todo el occidental andaluz, y que por la propia dinámica que estos tienen, tan difíciles son de vaticinar. Mucha incertidumbre en el cielo y mucho riesgo en las calles. Era muy amplio el intervalo horario y por tanto aún mayor la exposición al peligro. Ayer se decidió desde la prudencia, que hasta las 6 de la tarde tuvo a Córdoba como escenario evidente de lo que el tiempo primaveral puede llegar a ser, y que continuó regando las calles durante las primeras horas de la noche. El seguimiento más complicado que he tenido hasta el momento, por las decisiones que lamentablemente conllevaron y que mucha gente no quiso entender.

La exposición al riesgo es así, puede salir bien o puede salir mal. La prudencia con que ayer se actuó en Córdoba tuvo como extraña recompensa el alivio de saberse a salvo cuando el cielo se acabó cayendo. El alivio se convirtió además en extraño orgullo al comprobar como la valentía de otras ciudades de más alto rango cofrade tornaba en insensatez caótica. Comparaciones y sentimientos que desde mi humilde ateísmo no alcanzo a comprender como cristianos. No obstante, ayer, desde la prudencia, se pudo haber errado. Las vísceras son malas compañeras en todo control de la realidad, y debe estar presente, de igual forma, la existencia de la incertidumbre ante una ciencia como la meteorológica.

Les cuento esto porque en parte, después de estos agotadores cuatro días, necesito expiarme y compartir con ustedes el vértigo de la referencia. Y además, porque afortunadamente, para mí y para ustedes, el de hoy apunta a un día relativamente más tranquilo que debiera poder satisfacer las necesidades penitenciales de más de algún que otro lector. Aunque si quieren penitencia, prueben un año a hacer esto que estoy haciendo yo.

El caso, y entrando ya en materia. Aunque inmersos aún en la dinámica de vientos ábregos que pareciera querer acompañarnos hasta el fin de los tiempos meteorológicos, habrá un pequeño cambio en la componente isobárica que será vital para la tarde de hoy. Básicamente, ligero ascenso de la presión atmosférica y rolada de los vientos a cierta componente suroeste, lo que en meteofriquez equivale a pequeño asomo de la dorsal anticiclónica. Alegría. No tanto. A ver, la tendencia inestable se reducirá considerablemente, pero no disfrutaremos del típico tiempo anticiclónico. Eso sí, el ascenso de la dorsal será lo suficiente como para impedir, o al menos disminuir, la entrada de frentes lluviosos, en una tendencia que se irá acentuando con el paso de las horas.

Eso sí, al continuar con este episodio de vientos del oeste, seguiremos teniendo mucha nubosidad a lo largo de todo el día, por lo que el riesgo de precipitaciones no desaparece completamente. Es por esto que una vez más vuelvo a recomendar mi tan repetida prudencia y una huida sensata de la confianza triunfalista que este jueves se pudiera dar.

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28 de marzo de 2013 - 07:00 h