A propósito de trincheras

Una campaña orquestada contra el Director de comunicación del Córdoba. Eso han apuntado desde el club. Ya me imagino a distintos sectores de la afición, los medios de comunicación y una parte significativa de la sociedad cordobesa reuniéndose para diseñar un asedio contra una persona sobre la que nadie en esta ciudad había pensado previamente hace sólo mes y medio. ¿Qué virus infecta cada esfera de poder, aunque sea un poder ínfimo, para atrincherarse contra imaginadas conjuras cuando llegan las críticas o los análisis en contra? ¿Qué insigne publicista fue capaz de propiciar un plan por el que el Director de comunicación del Córdoba se viera obligado a comportarse como lo hizo en una red social? Maquiavélico, ¿verdad? En este punto del esperpento toca recordar que los insultos y amenazas en internet son indeseables, obviamente. Y que no fue él quien comenzó. ¿Pero se justifica con eso? ¿Acaso no conoce un Director de comunicación cuál es la realidad en la red? ¿Y no sabe ignorar los exabruptos como diariamente lo hacen millones de medios y personas?

La trinchera en este país es un parapeto opaco e insonorizado. Quien se mete en ella lo hace para no ver ni oir. Y para justificar cualquier cosa porque al otro lado disparan. Que el club mantenga en su puesto a alguien que se dedica a la comunicación, y representa dicha comunicación en una institución como el Córdoba después del espectáculo ofrecido en Twitter es el enésimo sarcasmo de una sociedad que ha perdido todo referente y respeto por la educación como valor central. Me da igual si no empezó él.

Mientras, algunos jugadores nos han dado una satisfacción. A falta de calma institucional, autoestima y verdadera fe, el amor propio nos mantiene en un sueño que se ha complicado. La honestidad competitiva de Fuentes, la casta de Armando, la voluntad de Seoane y Pedro, el carácter de López Garai y la esperanza goleadora de Xisco tiraron hacia arriba de un estado de ánimo que se desmoronaba ante un rival importante al que la mala cabeza de Soriano dejó con diez. Ellos, y solo ellos, con la complicidad del entrenador, tienen la llave de un play-off para el que un grupo de equipos han cambiado el ritmo. Toca aguantar el tirón de la cabeza.

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18 de marzo de 2013 - 07:00 h
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