Cara o cruz

Siete jornadas cumplidas, el Córdoba CF se encuentra en zona de ascenso directo. Si en fútbol resulta descabellado profetizar resultados, es evidente que el Presidente de la entidad no se deja amilanar por la posibilidad de que la realidad lo vuelva a poner en su sitio. Empiezo a pensar que le gusta ese papel. Estar en el ojo del huracán. Ha dado rienda suelta a una íntima pulsión de ser el personaje que probablemente quiere ser.

Pero cuando pasada una sexta parte del campeonato se encuentra con el guión soñado, habrá que reconocer que la osadía tira tantas monedas al aire que pudiera conseguir un suficiente número de caras. A su favor, haber diseñado un equipo a un coste ajustado a la nueva realidad de ingresos limitados, en el que se cuida no tapar los valores más aprovechables de la cantera, para que gocen de minutos, luzcan en el escaparate, y podamos volver a vivir una segunda tanda de ventas económicamente provechosas. En su contra, que no siempre se va a conseguir la explosión de jugadores que en meses consigan ser vendidos por encima del millón de euros, o cuando menos por muchos cientos de miles. A su favor, que el único "riesgo inversión" (siempre en el modesto universo que nos ocupa), se ha hecho en la zona de ataque, buscando asegurar el gol, si es que esto es posible. En su contra, que la plantilla es corta para ahorrar costes y que no siempre se acierta en las apuestas ciegas de alto riesgo, quedando una banda derecha claramente deficitaria para un aspirante al ascenso. A su favor, que el control económico de la Liga de Fútbol Profesional ha empezado a notarse en una categoría tan devaluada que se ha vuelto abierta e interesantísima. Haber mantenido buena parte de la calidad técnica del centro del campo ofrece una ventaja que ha podido ser vital en esta primera fase de campeonato. En su contra, la sensación de que la primera parte del calendario ha sido relativamente amable, con enfrentamientos con tres recién ascendidos (que no han sido precisamente los resultados más destacados) y podría distorsionar la verdadera dimensión del equipo. Un equipo con buenos detalles y motivación, pero que adolece de cierta ambición en determinados momentos.

Cara o cruz. Ilusión y escepticismo. Excelente clasificación inicial y cierta bisoñez competitiva. Cuando termine el año, que nadie diga luego que ya sabía lo que iba a ocurrir. Ni el presidente, ni el sentido común. Por eso esta temporada es realmente apasionante en esta categoría. Y para el Córdoba, más aún.

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30 de septiembre de 2013 - 08:00 h
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