Hay culpables

El viernes pasado acudí a la concentración convocada por la plataforma Stop Desahucios en Córdoba. Uno de sus miembros se había suicidado por la mañana. No suelo asistir a actos reivindicativos ni a manifestaciones, pero esta vez no pude dejar de hacerlo. Lo viví como un acto de duelo, vi y sentí dolor, rabia e impotencia. Le habían desahuciado, había entregado su vivienda, aún debía dinero, y le reclamaban 400 euros desde la administración por un impuesto relacionado con la operación en la que había perdido su casa. Es vergonzoso y triste, muy triste. Y es indignante saber que hay culpables que con sus acciones y omisiones son responsables y deberían responder.

La actuación negligente de los reguladores y de los responsables políticos es una causa principal de la situación actual del sistema financiero y de la crisis económica. Es más grave aún si se demuestra que las políticas desarrolladas la han estimulado y se diseñan y aplican con conocimiento de sus efectos perversos.

La insostenibilidad del funcionamiento del sistema crediticio era algo conocido por las élites dirigentes, que consintieron y alentaron el crecimiento del crédito bancario en España, destinado a impulsar la actividad del sector inmobiliaro y de la construcción, incorporando un elevado riesgo de pérdidas en las cuentas de las entidades financieras. Un gran negocio, en beneficio de algunos, que ha sido directamente una de las causas fundamentales del espectacular incremento del precio de las viviendas en nuestro país hasta el inicio de la crisis. Se convirtió en una práctica muy habitual conceder préstamos por encima del precio de los inmuebles, algo que unido a los bajos tipos de interés y los largos plazos de financiación hizo que aumentara el crédito hipotecario, la demanda de viviendas y su precio. Se ha calculado la sobrevaloración de la vivienda en España en torno al 20 por ciento. La caída actual del precio era algo previsible. Ahora son muchas las familias que no pueden hacer frente a los gastos básicos, y muchas las que no pueden pagar los créditos hipotecarios que asumieron cuando su situación económica era mejor, sin poder prever que esto iba a pasar, que la cosa se iba a poner tan mal. Menos trabajo, menos ingresos, precios más altos, más impuestos, y la hipoteca. Mal asunto. Y como el valor de lo hipotecado ha bajado, no sirve para responder de la deuda. Los que antes ganaban y hacían negocio, ahora también.

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10 de febrero de 2013 - 11:19 h
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