Momentos decisivos

La tarde del miércoles pasado encendí mi ordenador con idea de escribir la entrada del blog de este lunes. Me lo estaba pasando bien leyendo algunas curiosidades sobre las bases genéticas del color de los ojos en humanos cuando recibí un whatsapp de mi amigo Manu:

"Han salido las JDC. Mira tu correo".

Me eché a temblar, literalmente. Se me dispararon las pulsaciones. Con la mente nublada por lo trascendental del momento no alcanzaba a dirigir el cursor para abrir una nueva ventana en el explorador, ni siquiera conseguía decidir cual correo tenía que abrir.

En algún espacio de la nube estaba almacenada la información que iba a condicionar mi vida y mi futuro más próximo y yo no podía ya hacer nada para cambiarla. Sentía miedo a la vez que un extraño alivio por salir por fin de tanta incertidumbre. Solté el ratón, salí al patio de casa y me quedé allí respirando hasta que conseguí tranquilizarme un poco.

Al volver al ordenador, abrí el correo de la UCO. Ahí estaba:



























FechaDeAsunto
04/09/13notificacion.JDC@micinn.esInformación JUAN DE LA CIERVA 2012

Todos los investigadores que nos presentamos a la convocatoria 2012 de estos contratos de investigación para doctores sabíamos que iba a ser muy competitiva. Con ella se agotaban para muchos de los solicitantes las opciones públicas para seguir haciendo ciencia en España en este momento.

Anunciados en octubre del año pasado, los contratos debían haberse repartido a finales de Abril pero el Ministerio de Economía y Competitividad publicó una resolución in extremis ampliando 6 meses el plazo de adjudicación por falta de recursos para tramitar la convocatoria. Eso nos llevaba hasta Septiembre-Octubre de este año con una perspectiva deprimente: 2.836 solicitudes presentadas para 225 ayudas.

Las opciones para los investigadores jóvenes en España son tan pocas, debido al lamentable apoyo a la investigación que existe en este país y a todos los recortes del gobierno, que se han presentado a esta convocatoria de Contratos Juan de la Cierva 2012 investigadores que, por su curriculum, podrían optar a contratos de mayor categoría como los Ramón y Cajal pero que quedaron fuera de ellos por los mismos motivos, la falta de dinero.

Lo cierto es que estás compitiendo con toda esa gente. Pero, bueno, siempre tienes algo de esperanza. Tienes un curriculum bueno, varias publicaciones de calidad en revistas prestigiosas, participación en proyectos de I+D+i europeos, un periodo de investigación en el extranjero, el grupo al que irías está publicando muy bien y todo eso lo valoran… Y.. un pellizco en el estómago, el ego recordándote que ésta podría ser, a pesar de todo, la primera vez que al presentarte a un concurso público quedas fuera…

Tragué saliva. Me registré en el sistema del Ministerio y descargué el PDF: "Propuesta de Resolución Provisional de candidatos seleccionados y de reserva". Lo abrí, escaneando rápidamente los números hasta ver que se habían concedido 94 ayudas en mi área de investigación, Biología Fundamental y de Sistemas. Sólo 94 ayudas. En el número 94 no estaba mi nombre. Quedaban 93 opciones. Subí hasta la pestaña de búsqueda del explorador y escribí: "Perez Nadales". Sin pensarlo más, cerré los ojos y pulsé intro.

Un mensaje, 11 palabras, acabaron de un plumazo con todas mis esperanzas: "Acrobat finalizó la búsqueda del documento. No se encontró ninguna coincidencia". Revisé uno a uno los 94 candidatos seleccionados. Nada, no había lugar a dudas. Al menos me alegró mucho  encontrar en la lista el nombre de una amiga querida porque me consta que había luchado mucho por esto y que realmente se lo merecía.

Es posible que yo también me lo mereciese pero mi nombre no estaba en la lista. Y, en fin, todo esto es muy raro y muy injusto. Si quiero seguir investigando, tengo que empezar a plantearme lo de volver a salir fuera de España. O cambiar de tercio. Es otra opción... quién sabe, siempre me ha interesado el periodismo científico…

Aquel miércoles continuaba mirando la pantalla de mi ordenador, absorta en esos pensamientos, cuando escuché el sonido de las llaves en la puerta de casa. Mi bebé llegaba del parque con su papá y entraba corriendo hacia el cuarto para buscarme. Me levanté de la silla y me agaché como siempre hago para recibirlo a su altura. Sus enormes ojos azules se iluminaron al verme y se echó a mis brazos riendo de la alegría.

- Hola, amor mío. ¿Has jugado mucho con papá en el parque? Qué bonito eres. Te quiero mucho, mi vida.

Etiquetas
Publicado el
9 de septiembre de 2013 - 13:41 h