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Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Vagón del silencio

Cámara anecoica.

Juan José Fernández Palomo

31 de octubre de 2026 19:56 h

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I.- El silencio es la falta de ruido. Lo dice el diccionario. También es la abstención de hablar.

Hace unos años, Renfe empezó a ofertar unos billetes de AVE asegurando el silencio en uno de los coches (o vagones) de sus líneas: el llamado “Vagón del silencio”. Como todo derecho tenía el envés de las obligaciones: no usar móviles ni pantallas con sonido, no realizar ni recibir llamadas, no comer crackets ni gusanitos ni chips, no cantar en voz alta, no llevar perros ni niños menores de 14 años, evitar la aerofagia, no roncar, posiblemente… Hacer menos ruido que en un cuadro de Edward Hooper, qué se yo. La intención era buena, pero todo era muy laxo.

Es muy difícil discernir si el silencio precede a la tormenta o si el estallido de la tormenta provoca el silencio posterior. Dicen que los estorninos abandonan las ramas de los árboles si sienten (que también es escuchar) un sismo inminente. Otros animales se desperezan y buscan tierra si huelen (que es una sinestesia de oír) a tsunami.

No es posible la música sin el silencio. Lo sabemos por Sibelius, Rachmaninov, Mile Davies y por la mano derecha levantada de Keith Richards antes de bajarla después sobre su Fender y tocar “Satisfaction”.

Dicen que el compositor John Cage solicitó a las autoridades académicas de Harvard que le permitiesen acceder a la cámara anecoica de la Universidad para escuchar el silencio. Para experimentar qué se siente.

Una cámara anecoica (o anecoide)  es una sala diseñada para absorber en su totalidad las reflexiones producidas por ondas acústicas o electromagnéticas en cualquiera de las superficies que la conforman (suelo, techo y paredes laterales).

John Cage salió de la cámara anecoica y declaró que, tras un rato, percibió dos sonidos, uno grave y otro agudo.

Un técnico le aclaró que el agudo es el sistema nervioso y el sonido grave es la circulación de la sangre. Y Cage entendió que todo ese ruido lo generaba él.

II.- La tarde del accidente ferroviario de Urda me fui a la Filmoteca de Andalucía a ver una película de Jim Jarmush que trata sobre la familia.

La institución “Familia” es posiblemente el mayor semillero de silencios de nuestra sociedad. Y, paradójicamente, puede provocar mucho ruido en una cena. Los pabellones improvisados, las ruedas de prensa, los helicópteros, las ambulancias, los micrófonos cerca del careto, los chalecos reflectantes, los vasos de caldo caliente, las mantas plateadas, las teles (sin volumen) en el bar, los ruiditos del teléfono móvil… Todo se antojaba ensordecedor y yo me fui al cine (sonoro, en este caso).

“Father, mother, sister, brother” es el título de la peli que vi. Exacto como el mostrador de una buena charcutería atendida sin ruido.

Lo del “Vagón del silencio” nació, como tantas cosas, con una buena intención. Pero no acabó de funcionar.

Las buenas intenciones son solo pastillas efervescentes que se disuelven en la melancolía.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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