Labores

Tengo el carnet de mi madre. Mi madre muerta. La foto no es buena. Nadie sale bien en una foto de carnet. Mi madre era más guapa que cualquier fotografía.

Dice el documento que la profesión de mi madre era "sus labores". S/L.

Y sí, tuvo labores a lo largo de su vida breve: niña en una guerra, adolescente en una posguerra de pueblo, huérfana de un padre fusilado por poner la radio a oscuras y bajito, desplazada a la capital, regente de una pensión cutre –pero limpia-, enamorada de un paisano que estudiaba peritaje industrial, esposa, madre de dos niños de barrio, la que limpiaba la casa escuchando discos de Roberto Carlos, la que planchaba y le hacía la raya a los pantalones.

La que cuidó a su madre cuando le mordió el bicho malo, la que amortajó a su tía porque quién iba a ser si no.

La que no estuvo el viernes, de mi mano, en la manifestación.

"Sus labores", manda cojones. Pues claro que son sus labores, tan propias como la habitación que no tuvieron. Una habitación donde gritar o estar callada, donde tomar una decisión o, simplemente, dormir.

Me voy a lavar la cara y sonarme los mocos. Y, luego, me tomaré una caña. Estoy triste y con un pelín de malaleche.

Es domingo. ¿Tendrá todo esto sentido?

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10 de marzo de 2019 - 02:00 h
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